13 de enero de 2014

Brecha familiar

Según dijo el ministro de Interior, estas Navidades han sido especialmente difíciles en Cataluña: muchas familias catalanas no se reúnen para eludir el debate y el enfrentamiento. Según su personal percepción del asunto, el señor Jorge Fernández Díaz entiende que la causa soberanista divide y enfrenta a las familias catalanas, creando una grave fractura social. El auge del independentismo no es nada bueno, por tanto, ni para los propios catalanes.
La desconexión que existe entre la España oficial y la España real crece por momentos, como prueban estas declaraciones. Porque, en realidad, lo que preocupa a los catalanes, a los andaluces y a los de Aldealapiedra de Arriba es el paro, los recortes sociales, la depreciación salarial, la corrupción de la clase política, los desahucios, el aumento de la pobreza, el trato de favor que reciben los bancos, la ineptitud del Gobierno… Estos son los problemas que más inquietan a la sociedad y aquí sí existe unanimidad. Lo demás es política barata.
Un debate nunca puede acarrear una fractura. Si la Democracia española fuese como tiene que ser, no debería asustarnos el debate, la exposición de ideas distintas, la propuesta de alternativas. Cataluña se plantea seguir como hasta ahora o cambiar su forma de estar en el mundo. Y en esto, como en tantas cosas, la sociedad va por delante de los que mandan. Castigando a los que disienten no se consigue nada, salvo radicalizar las posturas de unos y de otros. El debate sobre el futuro de Cataluña no es malo per se, y su planteamiento no es un capricho de la Generalitat, responde a una demanda social que hay que atender.
El problema de España no es el independentismo de Cataluña, hay muchas otras cuestiones que requieren una solución más urgente: los miles de personas que pasan hambre, que lo han perdido todo, que carecen de futuro, exigen una respuesta rápida y adecuada. El debate sobre la independencia de Cataluña no es el único que procede acometer, quedan muchos temas pendientes: controlar a la banca, luchar contra la corrupción, mejorar la fiscalidad… Estas cuestiones sí crispan a la sociedad. Decir que las familias catalanas eluden reunirse para evitar enfrentamientos por la causa soberanista es desconocer, o querer ignorar, la realidad.