30 de enero de 2014

Abortar la reforma de la Ley del Aborto

Cuando se hizo público el anteproyecto de la Ley de Protección de la Vida del Concebido y los Derechos de la Embarazada, vulgo Ley del Aborto de Gallardón, me costó creer que algo semejante estuviera ocurriendo. ¿Cómo puede aprobarse una ley que obliga a las mujeres a seguir con un embarazo que no desean? De la incredulidad pasé al cabreo. ¿Quién es el Estado para decidir sobre el cuerpo de una mujer, para imponer sus creencias, para llevarnos otra vez a Londres o a sitios peores? ¿No es una muestra de cinismo intolerable y una incoherencia tremenda presentar una ley que prohíbe que se aborte en el supuesto de malformaciones graves del feto si estas son compatibles con la vida a la par que se finiquita, mediante recortes brutales, la atención a las personas dependientes?
Gallardón y los grupos pro vida defienden que la vida del no nacido sea un bien jurídico protegido por la Constitución, para ellos el aborto no puede ser un derecho, ya que el feto es un ser humano, con los mismos derechos que cualquier otra persona. Es aquí donde radica el quid de la cuestión: ¿Cuándo podemos hablar de vida humana? ¿Se trata de una decisión médica o moral? ¿Resulta factible saber en qué momento exacto empieza la vida humana? Y lo más importante, ¿qué consideramos vida humana? ¿Un encefalograma que no sea plano basta para constatar que la vida psíquica es también vida humana?
Existe un consenso generalizado que entiende la muerte cerebral irreversible como la no existencia del ser humano. Solo pasados los cinco meses de gestación se da actividad cerebral y, hasta la fecha, ningún feto ha sobrevivido fuera del vientre materno antes de las 22 semanas de gestación, por tanto no cabe considerarlo como una vida humana única e independiente.
Lo triste de las posturas antiabortistas es la cerrazón mental, negarse a admitir otras opciones, otra forma de pensar. Es también la crítica feroz a las mujeres que toman la decisión de abortar, a los médicos que las atienden y a todas las personas que opinan de otra manera.
Yo soy partidaria del aborto, de que se refuerce la educación sexual desde la escuela y del uso de anticonceptivos para evitar embarazos no deseados. Pienso que de introducir cambios en la ley del aborto estos deben ir encaminados hacia la igualdad, para favorecer los derechos del padre en el caso de una pareja estable. Cuando el embarazo es fruto de una relación esporádica o de una violación, no; pero en el caso de un matrimonio o pareja de hecho, me parece justo que el padre tenga su papel en la decisión, porque un embarazo es cosa de dos. En la actualidad, la elección del aborto recae exclusivamente en la madre, y esto supone una discriminación para el padre, ya que está obligado a sustentar al hijo y a ejercer de padre de por vida o a renunciar a un hijo que tal vez desea.
Aquí no hablo de derechos del feto, sino de los derechos de hombres y mujeres a ser, o no, padres y madres. Aunque esto es tema de otro debate.