9 de diciembre de 2013

Sobre el café

Honoré de Balzac describe los efectos que produce el café: “A partir de ese momento todo se agita, las ideas se ponen en marcha como los batallones de un gran ejército en el terreno de la batalla. Llegan los recuerdos a paso ligero, con las banderas al viento; la caballería ligera de las comparaciones se despliega con magnífico galope: la artillería de la lógica llega con su tren y sus saquetes de pólvora; llegan en guerrilla las agudezas, se ponen en pie las figuras, y el papel se cubre de tinta, pues la vigilia comienza y termina con torrentes de agua negra, como lo hace la batalla con su negra pólvora”.
 
El monarca alemán Federico El Grande publicó en un edicto: “Resulta indignante notar el aumento en la cantidad de café consumido por mis súbditos, y la igual cantidad de dinero que, como consecuencia, sale del país. Mi pueblo debe beber cerveza. Su Majestad fue criado con cerveza, lo mismo que sus antepasados”.
 
En un manifiesto publicado en Inglaterra el año 1674 y que lleva por título Petición de las Mujeres en contra del Café, se lee: “El uso excesivo de ese moderno, abominable y pagano licor llamado café, que ha convertido a nuestros esposos en eunucos e inutilizado a nuestros mejores galanes [...] No les queda nada húmedo salvo las narices, nada tieso salvo las articulaciones, nada erguido salvo las orejas”.
 
Vincent Van Gogh, en una carta a su hermano Teo, explica: “En mi cuadro del café nocturno he tratado de expresar que el café es un sitio donde uno puede arruinarse, volverse loco y cometer crímenes”.
 

*Datos extraídos de la conferencia sobre el café pronunciada en el Centro de Enseñanza de Lenguas Extranjeras de la Universidad Nacional Autónoma de México (08/09/2005).