30 de diciembre de 2013

Con austeridad y alevosía

Las injusticias, los atropellos, la economía degenerada, el egoísmo, la avaricia, los errores, las jugadas sucias, el cinismo, la mentira… El miedo a caer en desgracia, negarnos a ser la próxima víctima propicia la impunidad de los que nos ejecutan con austeridad y alevosía. Pocos son los que se atreven a protestar, a indagar, a ir más allá. La élite domina al pueblo y lo amordaza, lo anula.
El miedo, usado como arma por quienes saben inspirarlo, acalla los gritos de indignación y protesta, deja sin respuesta ofensas y humillaciones. Pensamos que la docilidad es lo que se espera de nosotros, la postura que hay que tomar para que te dejen vivir. ¡Qué estupidez tan grande!
La sombra oscura que nos cubre se llama miedo. Por miedo aceptamos trabajos cada vez más miserables, sueldos más pequeños, contrataciones leoninas, tratos envilecedores. Somos esclavos, peor que eso. Porque un esclavo clásico tiene un amo obligado a darle casa, comida y vestido. Algo que no hacen los amos de las empresas que explotan y trituran almas.
Permanecemos parados, callados. Esperamos que venga alguien y nos dé instrucciones sobre qué hacer con esta cloaca. La angustia por no recibir órdenes nos hace sentir asqueados, desbordados. Queremos respuestas que desmientan la verdad que cuenta esta crisis larga y abominable. No nos reconocemos entre tanta miseria ni entre tantos miserables. Nos gustaría borrar este mundo que no entendemos, alejarlo de nosotros, rechazarlo.
Deseamos vivir como lo hemos hecho hasta ahora, ajenos a esta realidad incomprensible y oprobiosa. Pero nadie sabe bien qué hacer.