4 de noviembre de 2013

Esperando un milagro

Los Presupuestos del Estado para el año 2014 son perversos. España debe dinero, una cantidad astronómica, y Europa nos obliga a morder el polvo con recortes que afectan a los sectores más básicos e indispensables: enseñanza, sanidad, servicios sociales, infraestructuras…
 
¿A quién debemos dinero? A entidades financieras europeas, especialmente alemanas y nórdicas, que fueron nuestras prestatarias y, como es lógico, quieren cobrar. Con los recortes en becas, en pensiones, en sueldos de funcionarios, etc., es decir, con el dinero privado, en vez de sanear la deuda pública: el dinero de todos, se pagan deudas privadas de los bancos. Un inextricable laberinto. Los españoles estamos apoquinando las trampas que han contraído las entidades financieras y ahora nos envían al “cobrador del frac” europeo, a la troika, para que nos apriete las clavijas: no gastes, que nos debes; no comas, que nos debes…
 
Nos dicen que estamos pagando las consecuencias de haber vivido por encima de nuestras posibilidades, y es cierto que el número de hipotecas y la suma total de endeudamiento de las familias españolas durante las vacas gordas fue alta, pero se correspondía con la dinámica crediticia impulsada por los bancos, que con frecuencia ignoraban sus normas y regulaciones internas, concediendo crédito a personas que ni siquiera tenían una nómina como aval.
 
No todo el mundo se endeudó de igual forma. Según datos del Banco de España, en el año 2008, el 10% de las familias de más alto poder adquisitivo tenían deudas en el 64,7% de los casos, mientras que las familias de bajo poder adquisitivo solo contrajeron deudas en el 16,6% y un 40% de estas deudas se destinaban a la hipoteca por una primera vivienda. Hablando de vivienda, según la OCD, la especulación hizo que en el año 2009 el precio de los pisos en España estuviera inflado un 41%.
 
El grueso de la deuda española es deuda privada y pertenece a empresas y bancos, así lo afirma el Banco de España. No se trata de gastos de las administraciones públicas. Pese a todo, los ciudadanos nos vemos obligados a pagar con elevados intereses el derroche de unos pocos. Afectados por un estancamiento a la baja de los salarios (el sueldo de los directivos empresariales subió más de un 3% en 2012). Los mercados no utilizan el contexto de globalización para impulsar la equidad, se han convertido en un fin en sí mismos, así, por debilitamiento, impotencia o connivencia del poder político, cualquier producto material o intelectual se convierte en simple mercancía especulativa. De esto se deriva una sociedad civil débil, sometida a un modelo deshumanizado de consumo, acrítica, alienada, enfrentada a un modelo de crecimiento de tasas judiciales, universitarias y a un proceso de bipolarización: educación pública-educación privada, sanidad pública-sanidad privada…
 
Los políticos, en vez admitir que el verdadero poder popular, base de toda soberanía, es el pueblo y su deber es atender y ayudar a ese pueblo, toleran que sean los propios ciudadanos, conformados en movimientos sociales: 15M, Stop desahucios, Mareas de todos los colores… quienes den la cara y reivindiquen mayor justicia social. Se sienten legitimados convocando elecciones y mientras no encuentren en el pueblo una alternativa, una oposición más organizada y fuerte, seguirán a lo suyo.
 
Frente a este panorama, ¿existen alternativas? Sí, pero las necesitamos con urgencia y nadie parece tenerlas listas con la inmediatez que se requieren. Es preciso recomponer el equilibrio entre el sector político y el económico, crear un modelo social basado en la equidad y la solidaridad, que neutralice el neoliberalismo devastador que padecemos. Debemos cambiar muchas cosas, pero seguimos quietos, esperando un milagro que no llega.