21 de noviembre de 2013

Emprendedor

La palabra emprendedor está en todas las bocas. Los políticos, los medios de comunicación, los empresarios, los banqueros e incluso los parados la repiten sin cesar. Desde que se puso de moda con la excusa del autoempleo, algunos se han animado a seguir la máxima: Emprende, sé el dueño de tu futuro. Otros no lo vemos nada claro, ¿es tan bueno este modelo productivo?
Emprender es la panacea que intentan vendernos a los desempleados. Es una forma más de decirte: si no trabajas es porque no quieres, porque no eres emprendedor. Para reforzar la teoría, te ponen el ejemplo de un chaval de 14 años que ha discurrido una aplicación para el móvil y ya lleva millones de descargas o la del criador de hormigas que vende sus productos en los mejores restaurantes del mundo. Todos se han hecho millonarios en un abrir y cerrar de ojos, con una mínima inversión están llegando a la estratosfera financiera. Con estos modelos, uno casi se siente culpable por no tener en marcha un proyecto fulgurante.
Nos empujan a montar una empresa en un país con un sistema productivo ineficaz, con un nivel de paro escandaloso, con unos créditos bancarios inexistentes. Nos animan a ser empresa, a arriesgar un dinero que no tenemos y a esperar unos resultados de éxito, cuando la coyuntura económica hace previsible que fracasemos cinco minutos después de habernos embarcado en lo que sea.
Montar una empresa es durísimo y carísimo. Además, no todo el mundo tiene madera de emprendedor, ni dispone de los recursos económicos para hacerlo. La mayoría puede desarrollar una excelente labor siendo empleado por cuenta ajena. Obviamente, el trabajo no nos caerá del cielo, pero que nos fuercen a emprender tampoco resuelve nada.
Por otro lado, ojalá todos fuésemos emprendedores, así el tejido laboral de nuestro país sería bien distinto. Pero nos educan para ser borregos; para obedecer órdenes, porque para pensar ya está el jefe; para no descollar en nada. Lo ideal es ser como el resto, no destacar ni llamar la atención. ¿Para qué te vas a complicar la existencia si vas a cobrar lo mismo? Gracias a la crisis se habla de talento, de creatividad, de ingenio… Y empezamos a darnos cuenta de que el súmmum no es ser funcionario ni jubilarte en la empresa en la que entraste a trabajar de aprendiz.
Emprender es tomar conciencia de que el futuro está en tus manos; ser independiente; tener la satisfacción de ganar o perder, pero siempre a causa de tus propias decisiones; hacerse autónomo y ganar el sueldo que sea, no el que determinen otros; decidir tu horario laboral, organizarte los días como más te convenga. Emprender es complicado, nadie lo duda, pero tampoco todos servimos para ser funcionarios o para hacer el mismo trabajo durante toda la vida. Emprender no es hacerse millonario, ni arrasar en el mercado, ni cotizar en bolsa. Emprender es una opción para no depender de que alguien te permita trabajar en su empresa.
¿Emprender? Sí, pero ¿qué?