21 de octubre de 2013

Quieren que lloremos, no que nos rebelemos

Quieren que lloremos, no que nos rebelemos. Por eso la televisión pública nos ofrece la posibilidad de ser solidarios y ayudar a otros más necesitados. El programa “Entre todos”, de la 1, nos invita a pagar el comedor escolar de un niño, a aliviar la factura de la calefacción de un anciano, a solventar averías caseras que el perjudicado no puede permitirse reparar… Las personas que colaboran, movidas por la lástima, aportan pequeñas cantidades.
Todos sabemos qué es pasarlas canutas, hacer malabarismos para llegar a fin de mes, así que no nos cuesta ponernos en la piel de tantas víctimas de la crisis. Los necesitados de ayuda no protestan, no se quejan, no reivindican sus derechos, no exigen una respuesta al Gobierno que tan aplicado está en usar la tijera, solamente piden. Lo vergonzoso es la forma descarada en que se promociona y enaltece la solidaridad ciudadana, que se ve forzada a sustituir la necesaria ayuda del Estado, un estado que escurre el bulto ante sus deberes y apela a nuestra buena voluntad para que seamos los ciudadanos la ayuda económica de quienes se están quedando sin nada.
¿Qué resuelve que ayudemos a comprar los libros de texto de un niño cuando más de medio millón de chavales ha perdido esta ayuda? ¿Quién paga los libros de este medio millón de niños?
El mensaje social es claro: No acudas al Gobierno, recurre a los demás. No luches por los derechos que te han robado, no denuncies el fracaso de las políticas aplicadas para salir de la crisis, no culpes a los políticos, no reclames justicia social. La solidaridad es la respuesta.