12 de septiembre de 2013

Quién es el culpable

Si este o aquel funcionario de la Administración Pública, desde un presidente de comunidad autónoma pasando por un alcalde y llegando al último mono de la escala, abusa de su cargo, cambia moral por egoísmo, se corrompe sin que le importe un bledo todo lo que no sea su propio bienestar, entendido como Rolexs, chalets de 1.000.000 euros, trajes y Ferraris, por ejemplo, o el bienestar de los suyos, ¿de quién es la culpa? La culpa, además de quien se lucra de su cargo en primera persona, es de quienes podrían haber impedido esta actuación delictiva, haber mantenido una actitud honrada, haber tirado de la manta, no haberle votado y haber exigido un endurecimiento efectivo de la vigilancia, auditoría o controles varios a los que se pudiera someter semejante personaje.