9 de septiembre de 2013

La cruda realidad

La realidad irrumpe a través de los televisores y periódicos. Pasado un rato dejamos de prestarle atención, desconectamos el aparato o cerramos las hojas, y su efecto devastador desaparece. Para bien o para mal, la vida sigue.
España está inmersa en una crisis económica, es algo que todos sabemos. Hay menos trabajo, más despidos, incertidumbre, pesimismo y en general, muchísimas dificultades para vivir, teniendo dinero a final de mes y una sensación de tranquilidad al irte a dormir. Aunque estemos en el hemisferio norte del planeta, en una de sus partes buenas, muchas personas han perdido toda fuente de ingresos, su casa, sus ilusiones y, en muchos casos, hasta las ganas de luchar para intentar salir adelante. Aun así, podemos considerarnos afortunados en la desgracia, porque en este primer mundo nuestro no padecemos las guerras, el hambre o la pobreza que sufren otros países.
Es obvio que ante una misma situación, no todo el mundo reacciona igual, ni la gestiona igual, ni le afecta igual, ni tiene la misma suerte. De hecho, los ciudadanos tenemos lo que nos hemos ganado. Obtenemos en nuestro país, derechos, obligaciones, libertades y todo aquello por lo que hemos luchado. También carecemos de todo aquello que no nos hemos propuesto obtener y que, sin embargo, otros han sabido aprovechar. Lo diré de otra forma. Si el partido ganador en las elecciones al Gobierno nos sodomiza con impunidad y alevosía, es por culpa de las personas que le han votado y de todas las que no han luchado por un sistema electoral y una forma de Gobierno más justo, eficiente y adaptado a las necesidades del siglo XXI.