3 de septiembre de 2013

Desobediencia civil


En su famosa Carta desde la cárcel de Birmingham (1963), el reverendo Martín Luther King (1929-1968) citó una frase de Tomás de Aquino: “Una ley injusta no es una ley en absoluto”, para explicar que estaba dispuesto a transgredir la ley en su campaña por los derechos civiles de la minoría negra. Las leyes de la segregación degradan tanto a blancos como a negros, argumentaba King, y por tanto carecen de autoridad moral. Tales leyes deben ser desobedecidas abiertamente para apelar a la conciencia de la comunidad. La desobediencia civil no violenta es una forma de protesta que, mientras lo hace contra leyes particulares, mantiene la intención general de respetar la ley, ya que las leyes se violan abiertamente y se aceptan libremente las penas correspondientes. En manos de King, ésta resultó ser un arma muy eficaz, aunque él no viviera para ver los resultados de la lucha que lideró.

 


Martín Luther King no fue el primero en usar esta forma de protesta. Profundamente conmocionado por la experiencia de la discriminación de sus compatriotas indios en Natal, Sudáfrica, el abogado Monadas K. Gandhi (1869-1940) había hecho una campaña similar a principios del siglo XX. Regresó a India y en 1920 ya era un reconocido líder de los nacionalistas indios e inició un movimiento masivo de desobediencia civil contra el gobierno británico. La independencia llegó finalmente en 1947, aunque Gandhi no pudo impedir la partición del país entre India y Pakistán ni los estallidos de violencia entre hindúes y musulmanes. Hizo incesantes esfuerzos por reconciliar ambos bandos hasta que fue asesinado por un hindú fanático en 1948.