16 de septiembre de 2013

Adiós a las armas químicas

Estados Unidos ha cambiado su postura frente a Siria. Hace dos semanas se anunciaba una intervención inminente y la consiguiente caída del régimen, ahora Barack Obama da un paso atrás. ¿A qué se debe este cambio?
Cuando se le propuso a Siria la adhesión a la Convención sobre la Prohibición de Armas Químicas, Putin le estaba salvando el trasero a Obama, a la vez que le ahorraba tener que embarcarse en una guerra en este duro momento de crisis económica y con el pueblo norteamericano en contra de la intervención armada.
Las armas químicas solo sirven para uso militar o para exterminar a la población. Se emplearon en las guerras de trincheras, desde la Primera Guerra Mundial hasta la agresión iraquí contra Irán, pero en las guerras modernas no sirven porque el frente se halla en constante movimiento. Así que, en 1993, 189 países firmaron la Convención que prohibía ese tipo de armas y la posibilidad de deshacerse de las cantidades ya almacenadas de un armamento sumamente peligroso e inútil.
En 1935-1936, la Italia fascista conquistó gran parte de Eritrea mediante la eliminación de su población con gas pimienta. Y desde de 1985 a 1994 Israel financió las investigaciones del doctor Wouter Basson en Sudáfrica. El régimen sudafricano del apartheid, con la complicidad de Israel, trabajaba en la creación de sustancias químicas y biológicas que debían matar a la gente únicamente en función de sus características raciales, ya fuesen palestinos, árabes en general o personas de piel negra. La Comisión Verdad y Reconciliación, creada más tarde en Sudáfrica, no logró determinar los resultados que se obtuvieron de aquellas investigaciones, pero sí demostró la implicación de Estados Unidos y Suiza en el proyecto secreto, así como la muerte de varios miles de personas utilizadas en las investigaciones de Basson. Al conocerse este hecho, Siria y Egipto se negaron a firmar la Convención en 1993.
La oportunidad que Moscú le ha ofrecido a Damasco pone fin a la crisis con Estados Unidos y Francia y también permite deshacerse de un arsenal inútil y difícil de defender. El presidente Assad ha hecho hincapié en que si Siria acepta esa salida no es porque ceda a la presión de Estados Unidos sino a la petición de Rusia, una forma diplomática de destacar la responsabilidad que Moscú asume en cuanto a la futura protección del país árabe ante un eventual ataque químico israelí.
Nota: La colonia judía de Palestina todavía no ha ratificado la Convención que prohíbe las armas químicas, algo que puede convertirse en un problema político para Tel Aviv.