5 de agosto de 2013

Da asco

Da asco la cara dura de Rajoy presentándose como víctima, traicionado por una persona de su confianza. Él es inocente, solo se equivocó al elegir a un amigo. Los suyos le aplauden a rabiar. Bien, Mariano. Bravo.
Con las maletas preparadas, se marchan de vacaciones los políticos que deberían quedarse a trabajar todo el verano buscándole soluciones a la crisis, a la situación tan lamentable que vive España. Porque la crisis comienza a ser letal para muchos y su remedio no puede demorarse más. Agonizamos. Nos morimos.
Pero al Gobierno le da igual. No necesitan a nadie para hacer lo que hacen: destruir un país matando de hambre y miseria a sus ciudadanos. Se ríen de nosotros porque saben que volveremos a votarles, que seguirán ahí, cómodamente arrellenados en su poltrona-escaño, dirigiendo nuestra ruina. Porque lo están consiguiendo. Los españoles estamos cansados, extenuados por la lucha en un combate que tiene visos de terminar con victoria por K.O. ¿De quién? De ellos o de nosotros. Porque esto ya no se resuelve de otra manera. Y el pueblo está harto, catatónico. No reacciona cuando el gobierno da por perdidos 36.000 millones de los 52.000 que le regalamos a la banca para rescatarla, ese dinero salpicado con nuestra sangre que el PP aseguró que recuperaríamos, y con intereses. Ni nos inmuta conocer que uno de cada tres contratos firmados en julio es un empleo que no alcanza la categoría de basura, ni que desde el FMI se sugiera otra rebaja de sueldos, esta vez de un 10%, ni que la infanta se vaya a Suiza con un ramo de rositas en la mano.
La última concentración, celebrada la pasada semana en Sol, en la que se pedía la dimisión de Rajoy reunió a 300 personas. ¿Dónde estábamos el resto de los españoles? Creemos que el futuro vendrá de sus manos, no de las nuestras. Hemos delegado en ellos, les hemos confiado nuestro futuro. Nos equivocamos. Pero estamos cansados, tan cansados que da pena, que nuestra inacción da asco.