26 de julio de 2013

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El mundo está conectado. La mañana en la playa, la noche discotequera o información sobre nuestro trabajo puede acabar voluntaria o involuntariamente en la Red. Las consecuencias pueden ser fatales.
Hace unos días, la Agencia de Desarrollo Económico (EDA), un organismo público estadounidense que impulsa el crecimiento en zonas desfavorecidas del país, detectó un virus en sus equipos informáticos y decidió acabar con el problema destruyendo a martillazos ordenadores, ratones e impresoras. Sustituir los ordenadores destruidos costará unos 2,7 millones de dólares
Esta anécdota sirve para ilustrar la decisión que se ha tomado en el Kremlin: se eliminará la posibilidad de fuga de información desde los ordenadores, suprimiéndolos en determinado tipo de comunicaciones. Los PC se sustituirán por máquinas de escribir. El objetivo es claro, no se quiere correr ningún riesgo en determinadas comunicaciones y la manera de evitar complicaciones es manejar un equipamiento que sea físicamente incapaz de comunicarse con el exterior.
Las autoridades rusas han efectuado la compra de máquinas de escribir eléctricas por valor de 15.000 dólares. Esto implicar volver al papel. La medida puede haberse adoptado ante el temor a que se reproduzcan sucesos como el de Wikileaks.
La máquina de escribir permite comunicar información que luego puede destruirse sin dejar rastro. También evita fugas de información, facilita la posibilidad de saber desde qué máquina en concreto se ha redactado un documento y conocer al autor.