26 de junio de 2013

¿Qué motivos hay para el optimismo?

"Creo que lo peor ha pasado, por eso vamos a mantener la misma línea de política económica y lo creo así porque aunque los resultados lleven su tiempo, algo que dijimos, estas políticas están dando sus frutos y hay indicadores positivos que son el prólogo o la primera página de la recuperación económica", Mariano Rajoy. 18/06/2013.
 

El otro día, Mariano Rajoy nos decía que hay motivos fundados para la esperanza. ¿Dónde? ¿Cuándo? ¿Quién, además de él y sus secuaces, los ve? La mendacidad del presidente del Desgobierno es apabullante, además de un insulto a la inteligencia de los españoles.
Nos anuncian el fin de la crisis con la excusa de la mejora coyuntural de algunos indicadores relacionados directamente con el letal incremento de la deuda para financiar gasto político improductivo. La aportación de más de 200.000 millones en diecisiete meses es demencial e insostenible. Los indicadores de actividad y demanda siguen cayendo a toda mecha y los desequilibrios que nos ha traído la crisis continúan empeorado, en especial la deuda pública y el crédito a la economía productiva. 
Pero no se crean sin más esto que les digo, vean ustedes la realidad que nos rodea y luego determinen si existen, o no, motivos para la esperanza y el optimismo. Yo me limitaré a apuntar unos datos de los principales indicadores de actividad y demanda conocidos la semana pasada (19/06/2013). Lean y deduzcan de ellos si vamos a salir de la crisis alguna vez:
Índice de comercio minorista deflactado: retroceso del 7,8 % entre enero y abril de este año, frente a la caída del 7,2 % del mismo periodo de 2012.
Consumo aparente de cemento: disminución del 25,5 % de enero a abril, frente a la caída del 34,3% de 2012.
Producción industrial: -3,6 % en el primer trimestre frente a -6,0 % del mismo periodo del ejercicio anterior.
La inversión se redujo un 17,9% en los cuatro primeros meses del año; en el mismo periodo de 2012, se redujo un 8,3%.
La financiación del sector privado ha disminuido un 9,9% hasta abril, frente a la pérdida del 5,1% de un año antes.
El consumo de energía eléctrica ha retrocedido un 2,0 % en los cuatro primeros meses del ejercicio, mientras que entre enero y abril de 2012 cayó un 2,2 %.
¿Intentarán hacernos creer que si el consumo privado, que representa el 60% del PIB, cede cinco puntos porcentuales y la inversión, que supone el 20% del PIB, un 17,9 %, la caída del PIB del segundo trimestre puede ser nula?  Ya está bien de que nos tomen por imbéciles.
Quizá estas cifras no le digan a usted mucho, pero hay otras que le tocan el bolsillo y que entenderá con mayor facilidad: la evolución de la renta y la riqueza de las familias. Aquí van unos detallitos insignificantes:
Las economías familiares se hunden.
El poder de compra de los salarios ha caído otro 0,8 % en el primer trimestre.
El precio de la vivienda ha cedido un 6,6 % en tasa anual.
Al margen de los indicadores, la cuestión es: ¿Cómo puede un país sin crédito al sector productivo y a las familias, con la renta y la riqueza mermando de forma continua, con los mayores impuestos del mundo desarrollado y la energía más cara salir de ninguna crisis si el endeudamiento público crece exponencialmente para financiar el gasto político improductivo?
¿Hace falta tener un doctorado en Economía por la universidad de Harvard para ser pesimista?