5 de junio de 2013

Que coman insectos ellos

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, la FAO, publicaba hace unas semanas un informe que ha suscitado la polémica: Insectos comestibles. Perspectivas de futuro para la seguridad alimentaria y la alimentación En este informe, recomienda el consumo de insectos para alimentar a las personas que pasan hambre en el mundo.
¿El remedio para paliar el hambre es consumir insectos o hacer accesible la comida? Pienso que la segunda opción es la que vale. Me parece bien que en ciertos países se coman bichejos como saltamontes, escorpiones, hormigas, orugas… Según la FAO, en África, Asia y América Latina se consumen 1.900 especies de este tipo de animales, que tienen un elevado contenido de proteínas, materias grasas y minerales. A mí, sinceramente, la idea de meterme un escorpión a la boca me produce asco, por más nutritivo y saludable que sea. Que conste que no tengo una visión etnocéntrica de la comida, ni de nada, supongo que en otros lugares considerarán repulsivos los caracoles con alioli, los percebes, el cochinillo asado o el conejo al ajillo. Al margen de la cuestión cultural, opino que el problema del hambre no radica en la producción sino en la distribución, por eso la solución no está en comer insectos.
Los datos de la FAO dicen que, en la actualidad, se cultiva suficiente como para alimentar a 12 mil millones de personas. En el planeta somos 7 mil millones, luego hay comida de sobra para todos. La cuestión es en qué manos está esa comida. Y se encuentra en manos de cuatro multinacionales de la agroindustria, que dan prioridad a sus intereses y obvian las necesidades alimentarias de las personas. En este sistema, si careces de dinero para pagar el precio que marcan estas empresas a los alimentos, a la tierra, al agua y a las semillas, no comes.
La solución es común a la mayoría de problemas que se nos presentan en la actualidad: abolir privilegios y extender los derechos.