1 de mayo de 2013

Los esclavos del siglo XXI

Hace unos días, un incendio en Bangladesh ocasionó más de 300 muertos. Los fallecidos trabajaban en un centro textil, confeccionando prendas para la firma Mango. Sus condiciones laborales no eran la explotación habitual que suele darse en España o en otros países, ellos eran auténticos esclavos. Soportaban una temperatura de 46 grados y trabajaban 12 horas diarias en una fábrica sin ventilar y sin agua potable. Su menú diario era arroz de primero y de segundo arroz; el postre, más arroz. Dormían en la misma fábrica, hacinados, porque no podían ir y volver a su aldea cada día. La recompensa a tan penosa vida laboral eran 40 dólares mensuales.
Hay más situaciones similares a esta en China, Camboya, Jordania, Paquistán, Turquía, México, Brasil, India… Las grandes multinacionales de la moda fabrican sus prendas en estos países porque la mano de obra es tan barata que, incluidos los gastos de transporte, les permite obtener enormes beneficios. Tal es el negocio que el 90% de las prendas que vestimos proviene de la explotación. A cambio de vidas humanas, C&A, Inditex, Mango, Disney, GAP, Nike, Primark o Benetton expanden sus negocios. Estas empresas “compran” el visado que autoriza la fabricación de sus productos y lo incluyen en su informe de Responsabilidad Social Corporativa, haciendo ver que están cumpliendo con todas las normas de la Organización Mundial del Trabajo (OMT) y de la Salud (OMS). Poco les importan las consecuencias derivadas de este sistema de producción, los miles de muertos, las viudas y huérfanos abandonados que se quedan sin ningún tipo de cobertura ni forma de sustento. Lo que cuenta es el negocio.