23 de abril de 2013

Nos hemos resignado

Cinco años de crisis y nadie se mueve. Sube el paro. Aumentan la pobreza y la exclusión social. Miles de familias carecen de hogar. Hay niños que padecen malnutrición. Los salarios se reducen. Los impuestos suben, también los precios de bienes y servicios. La crisis no cesa, ni remite ni se atenúa; crece. ¿Por qué no hemos plantado aún una guillotina en la plaza mayor de cada pueblo y ciudad?
La situación actual no tiene viso de mejorar. El paro seguirá creciendo. Los sueldos de quienes trabajan no permiten una subsistencia digna. Las políticas de austeridad nos están matando y el Gobierno sigue recortando gastos, dejando sin cobertura social y sin esperanza de vida a miles de personas. Para colmo, los casos de corrupción son sangrantes. Se ayuda a sanear los bancos, pero se olvida a los atrapados por las preferentes, por las hipotecas, por los desahucios…
Con el Gobierno corrupto e ineficaz que tenemos no vamos a salir de esta, pero seguimos esperando, cada vez más cabreados, pero sin hacer nada. No vemos alternativas porque no las hay. ¿Por qué otro sistema podemos cambiar el capitalismo? Ni siquiera nos planteamos salir del euro, de ese cuento chino, de esa ratonera en la que perecemos agarrados por donde más duele: el bolsillo. Tampoco protestamos por la gestión de las instituciones europeas, que nos siguen atornillando sin compasión. En Bruselas hemos perdido la autonomía económica, pero no vamos allí a reclamarla, a exigir que nos la devuelvan. Continuamos sometidos a sus criterios, a sus mandatos.
Nos hemos resignado, me temo.