8 de abril de 2013

El primer calendario

Una de las preocupaciones de una sociedad suficientemente estructurada es la de establecer un calendario que marque las fechas de las celebraciones, actividades y acontecimientos. Satisfacer esta necesidad está en la base de las primeras observaciones astronómicas. La dificultad de todo calendario estriba en armonizar los tiempos de las unidades fundamentales utilizadas para medir el tiempo, es decir, la traslación de la Tierra alrededor del Sol (año), la de la Luna alrededor de la Tierra (mes) y la de la rotación de la Tierra sobre sí misma (día). Como estos tiempos no son múltiplos enteros unos de otros, la división del año en meses y días resultaba un problema difícil de resolver para los primeros astrónomos encargados de confeccionar los calendarios. Para apreciar esta dificultad hay que tener en cuenta que tomando el día solar medio como unidad, el año solar medio tiene 365,2422 días y el mes lunar 29,5306 días.
 
Parece ser que el primer calendario egipcio era estrictamente lunar, pero fue abandonado, al no tener relación con los acontecimientos importantes de una sociedad agrícola, tales como la siembra, la recolección etc. que dependen de las estaciones solares. Hacia el año 3000 a. C. existían dos calendarios, uno civil más sencillo y otro que podríamos llamar astronómico. En el primero, el año tenía una duración de 365 días y estaba dividido en 3 estaciones de 4 meses cada una, es decir, en 12 meses de 30 días con 5 días adicionales de fiestas. Las estaciones estaban relacionadas con la agricultura de la ribera del Nilo, a saber: inundación, emergencia y sequedad. Más exacto era el calendario astronómico, en el que los egipcios establecieron la duración del año en 365 ¼ días, con un error de sólo 0,0078 días por año o aproximadamente un día cada 128 años. Para este calendario se utilizaban las observaciones de la estrella Sirio (en egipcio Sothis). La ascensión helicoidal de Sirio (aparición en el horizonte cerca de la salida del Sol) coincidía con las inundaciones del Nilo, fenómeno importante para la economía agrícola de Egipto, por lo que este fenómeno se tomó para determinar la dración y comienzo del año astronómico.
 
Cada 4 años, el año civil se separaba del astronómico en un día. El calendario astronómico y el civil volvían a coincidir después de 365 x 4 = 1.460 años, lo que se conocía como ciclo sóthico. Como el año 140 d. C. coincidieron ambos, en el que se conocía como el cuarto ciclo sóthico, de acuerdo con este calendario, la primera fecha del primer ciclo sóthico habría sido en el año 4229 a. C. Esta fecha se puede considerar como la primera de la que se tiene constancia, aunque se trata solamente de una extrapolación. Los egipcios también conocieron la correspondencia de 25 años solares (9.125 días) con 309 meses lunares sinódicos. El calendario egipcio tuvo mucha importancia ya que en él se basó el calendario oficial de Roma, que será utilizado posteriormente en Occidente. El día estaba dividido en 12 horas de día y 12 de noche de distinta duración, según los meses del año. Parece ser que los egipcios fueron los primeros en establecer la duración de 24 horas para el día completo, aunque no estaba dividido en partes iguales. El uso de múltiplos de 6 en la división del día pudo estar influida por la división del año en 360 días y 12 meses y los meses en 30 días, todos ellos, también, múltiplos de 6.
 
Además de su interés por el calendario, los astrónomos egipcios confeccionaron tablas de ortos y culminaciones de estrellas, así como el empleo de ingeniosos relojes de sol. Distinguieron entre las estrellas y los planetas a los que llamaron “estrellas que nunca descansan”. La banda zodiacal se dividió en 36 partes llamadas “decanos”, ya que el orto de sus estrellas se podía observar durante periodos de 10 días. Esta división se refleja en la división del año en 12 meses cada uno de tres décadas, lo que da un total de 36 décadas. Como se puede comprobar, toda la astronomía estaba dominada por múltiplos de 6.
 
Se puede decir, por tanto, que en Egipto se ponen los fundamentos más antiguos de aritmética, geometría y astronomía, sobre los que se irán construyendo, más tarde, las bases de lo que terminará por permitir el desarrollo de la física. Egipto, situado geográficamente entre Oriente y Occidente, tendrá un estrecho contacto con la civilización babilónica y persa por un lado y con la de Grecia y Roma por otro. Durante la época helenística, uno de los focos más importantes de la ciencia estará en la ciudad de Alejandría.