27 de marzo de 2013

Procesiones

En el Concilio de Trento se llega a la conclusión de que los pecados y la mala conducta de los hombres rompen la armonía en el mundo, permutan el orden de las estaciones y ocasionan la ira divina. En consecuencia, se crean una serie de rituales y comportamientos destinados a expurgar los pecados y conseguir el perdón de dios.
La liturgia medieval se modifica y se introduce el agua de San Gregorio y el aumento de las penitencias. Las romerías pueden ser generales, para pedir una gracia en concreto o impetratorias por una necesidad determinada, que suele ser la mayoría de las veces la lluvia, y acostumbran a complementarse con otras celebraciones: confesión, comunión, misa, bendiciones de tierra y agua, procesiones cantando himnos sagrados, rezo del Rosario…
En el siglo XVIII ya existe un ritual casi establecido y para evitar que la sequía agostase los campos se encargaban rezos en los conventos y se les daba una caridad. Si la sequía no había remitido con este procedimiento, se encargaba un Te deum al Santo de turno, a la Virgen o a su Divino Hijo y si nada de lo anterior había surtido el efecto esperado se hacía una procesión por el pueblo o ciudad afectado con la imagen correspondiente.
En estas procesiones no era raro que ocurriesen milagros y se obrasen prodigios, que la imagen llevada en andas por el fervor popular cayera al suelo sin sufrir daño alguno, era bastante habitual. La exaltación religiosa llega a su éxtasis con las grandes penitencias, eran días de ayuno, cruces y pies descalzos. Si pese a las rogativas acostumbradas, el problema persistía, era porque Dios no perdonaba los pecados de los hombres.
Existían clérigos especializados en estos ritos: los esconjuradores. Ellos se encargaban de encontrar manifestaciones malignas y posesiones diabólicas. En ocasiones se responsabilizaba a mujeres que vivían en la marginalidad, a las brujas, de alterar el clima o de sembrar plagas. Cuando estas manifestaciones eran atajadas, se hablaba de milagros o de la intercesión de algún protector divino.
El ceremonial y el ritual de las procesiones se refinó con los años, la pompa era importante y el estilo solemne.