20 de enero de 2013

Veinte años sin Audrey



El 20 de enero de 1993, a la edad de 63 años, moría en Suiza la actriz Audrey Herpburn, no pudo superar el cáncer de colon que padecía. Ese día, Elizabeth Taylor dijo de ella: “Dios estará contento de tener un ángel como Audrey con Él”.
Audrey Kathleen Ruston nació en Ixelles/Elsene, Bélgica, el 4 de mayo de 1929. Fue la única hija del inglés Joseph Victor Anthony Ruston y de su segunda esposa, la baronesa Ella Van Heemstra, una aristócrata holandesa. En 1935 sus padres se divorciaron, y su padre, simpatizante del partido nazi, abandonó a la familia. Audrey acudió al conservatorio de Arnhem entre 1939 y 1945, allí tomó clases de piano y de ballet clásico, que compaginaba con sus estudios escolares. Sufrió las penurias de la Segunda Guerra Mundial durante el invierno de 1944, cuando los alemanes confiscaron los alimentos y el combustible en Holanda y la gente, sin comida ni calor en sus casas, moría de hambre y frío.
En 1948, Audrey Herpburn marchó a Londres, donde siguió estudiando ballet con Marie Rambert, profesora de Nijinsky. Su aspiración era llegar a ser una gran bailarina, pero la maltrecha situación económica de su familia, no le permitió completar su formación. Audrey necesitaba dinero y se replanteó su carrera artística optando por actuar, pues la profesión de actriz estaba mejor pagada que la de bailarina.
Su carrera en el cine comenzó con el film educativo Holandés en siete lecciones. También actuó en producciones musicales como High Button Shoes y Sauce Piquante. Su primera aparición en una película fue en One Wild Oat, interpretando el papel de recepcionista en un hotel. Su primer papel importante lo encarnó en la película Secret People, en el que daba vida a una bailarina prodigio, como es natural ella misma protagonizó todas las escenas de baile. Pero la película que hizo despegar su carrera de forma fulgurante fue Vacaciones en Roma (1953), por la que recibió el Oscar a la mejor actriz. Luego vendría la comedia romántica de Billy Wilder, Sabrina, gracias a ella conoció al diseñador Hubert de Givenchy, encargado del vestuario, ambos fueron amigos durante toda su vida. El modista creó para ella su perfume L'Interdit. En 1957 actuó en Una cara con ángel, bailando con Fred Astaire. A este film le siguió Historia de una monja, uno de sus papeles más dramáticos y del que ella más orgullosa se sentía. Aunque fue su caracterización como Holly Golightly, en Desayuno con diamantes (1961), la que la convirtió en un icono del cine americano y le proporcionó reconocimiento mundial.
El musical My Fair Lady, rodada en 1964, fue otro de sus grandes éxitos. Luego empezó a distanciar sus intervenciones en el cine y en sus últimos años de carrera participó en Sola en la oscuridad (1967), y Robin y Marian (1976) junto a Sean Connery. Su último papel fue en la película Always (1988), de Steven Spielberg, donde se convertía en un ángel. Poco tiempo después fue embajadora especial de UNICEF, prestando especial atención a las causas del sida o la malnutrición de los niños en todo el mundo. En 1992, tres meses antes de su muerte y bastante enferma, Audrey emprendió su último viaje a Somalia, un gesto muy agradecido por UNICEF y que decía mucho de su calidad humana. En el año 2000, en la sede UNICEF de Nueva York, inauguraron una estatua que honra su memoria.
El recuerdo de Audrey Hepburn continúa vigente y su imagen no ha desmerecido con el paso del tiempo, sigue siendo un icono de la moda por su elegancia y sencillez natural, cualidades con las que se ha ganado la admiración de todos.
En la actualidad su hijo, Sean Herpburn Ferrer, gestiona la fundación Audrey Hepburn Childhood.