7 de enero de 2013

Gaza



Solamente en la franja de Gaza, los israelíes han matado en 10 años a más de 5.000 palestinos. Otros 2.000 más en Cisjordania. De los 70.000 palestinos que han sido secuestrados, más de 6.000, incluidos 400 niños, siguen encarcelados. Son unas cifras escalofriantes, si tenemos en cuenta que la población que ocupa los territorios palestinos es de cinco millones y medio de personas.
Pero no solo en el gueto de Gaza y en el de Cisjordania, encerrado tras un muro de 750 kilómetros y víctima de los ataques militares israelíes, fenece el pueblo palestino. La pobreza, la escasez de alimentos, de agua potable y de medicamentos también diezma a una población que se debate entre resistir o desaparecer. Y los palestinos han optado por resistir, reclamando su derecho a ser un estado libre y soberano que, según Naciones Unidas, debió nacer hace 64 años, junto al estado de Israel. La lucha es dispar. Los palestinos se oponen al fuego de fusiles con mira telescópica, disparando cohetes de artificio.
Siguiendo la línea marcada por Washington, la Unión Europea condena “los disparos de cohetes por parte del Hamas y de otras facciones, que han desencadenado esta crisis”. Y el ministro italiano de Relaciones Exteriores, Giulio Terzi di Sant’Agata, que confunde los cohetes con misiles, subraya que son “los disparos de misiles el origen de la crisis” y que “la limitación de la fuerza por parte de Israel debe basarse en la certeza absoluta de que los disparos de misiles no se repitan”. Una versión que, si no fuera por lo trágico de los acontecimientos, resultaría grotesca.
La nueva crisis, desencadenada por Tel Aviv de manera totalmente voluntaria con el asesinato en Gaza del comandante militar del Hamas, es parte de la estrategia del eje OTAN-Israel. Mientras los gobernantes estadounidenses y europeos asumen en la escena internacional el papel de moderados que buscan una solución pacífica al conflicto, la OTAN apoya cada vez más a las fuerzas militares israelíes.
No es por casualidad que el ataque contra Gaza comenzó el 14 de noviembre, justo el día que concluía en Israel la gran maniobra conjunta Austere Challenge 2012, con la participación de 3.500 militares estadounidenses.
Entre tanto, en el cielo de Cerdeña se intensificaban las maniobras de los caza-bombarderos israelíes que utilizan la base de Decimomannu, donde disponen de un área de operaciones más grande que todo el territorio de Israel. Dentro de poco el ejército israelí dispondrá de 30 aviones M-346 proporcionados por la empresa italiana Alenia Aermacchi. De manera que las incursiones contra la franja de Gaza serán todavía más mortíferas. La maquinaria de guerra de la OTAN se refuerza en la zona mediterránea y desde Estados Unidos llegan más unidades navales y aéreas para las fuerzas especiales, unidades que operarán desde bases situadas tanto en la costa norte del Mediterráneo (especialmente en Sigonella) como en la costa sur (en Libia y otros países). Con estos movimientos como excusa, el Pentágono reclama 75.000 soldados para enviarlos a Siria, oficialmente para apoderarse de las armas químicas antes de que caigan en manos del Hezbollah.
El incendio de Gaza se extiende.