16 de enero de 2013

Ejemplos a seguir

Cuando la empresa para la que trabajaba me dio el pasaporte y me quedé en la avenida del Proletariado (vulgo: puta calle), seguí todos los trámites legales pertinentes y también las recomendaciones de los “expertos” para encontrar empleo. Solicité mi prestación por desempleo, la agoté. Entre tanto, estaba apuntada a todas las guerras y me formaba estudiando para reconvertirme en una buena profesional de algún sector productivo con futuro. La ayuda extraordinaria también llegó a su fin. Y vino la desesperación, la ansiedad, la falta de recursos… Saber que como yo hay otros seis millones de personas, no consuela de nada. Ver cómo trabaja el Gobierno por activar el empleo y reducir la sangría de puestos laborales, tampoco ayuda mucho. Estimula mucho más que el señor Rodrigo Rato haya fichado por Telefónica para los asuntos en América Latina y Europa mientras está imputado por el caso Bankia. Que Elena Salgado dejara de ser ministra de Economía y apenas tardase tres meses en encontrar destino en Endesa y Abertis. Que Felipe González sume a su empleo en Gas Natural, que le reporta 130.000 euros al año, los millonarios cheques que percibe por sus conferencias o por asesorar al magnate mexicano Carlos Slim. Amén de 80.000 euros anuales de renta vitalicia que perciben los ex presidentes del Gobierno. Que otro ex presidente, José María Aznar, sea asesor de Endesa por 200.000 euros y conferenciante en los ratos libres. O que Pedro Solbes se haya recolocado en Enel y Barclays a los dos meses de abandonar su cargo como ministro de Economía y encima tenga una pensión de la Comisión Europea y otra por haber formado parte del Gobierno español. Por no mencionar el caso más reciente, Esperanza Aguirre, que deja plantadas a las personas que le votaron para presidir la Comunidad de Madrid porque quería pasar “a una segunda línea” y estar “con los suyos”, regresa a la plaza de funcionaria pública, de la que estaba en excedencia desde hacía treinta años, y tres meses más tarde vuelve a dejarla para ser asesora de la firma Seeliger & Conde.
Sí, estos ejemplos son mucho más motivadores para cualquier desempleado.

1 comentario:

Fran-ja dijo...

Genial, María. Has estado sembrada. Es vergonzoso que ciertas personas no tengan ninguna dificultad en saltar de un empleo bueno a otro excelente, mientras los de siempre hacen fila a la puerta de la oficina de empleo.
Ánimo. Tienes talento. Alguien sabrá valorarlo.