18 de enero de 2013

Asco de corrupción



Los ciudadanos somos cada vez menos indulgentes con las alimañas que saquean el dinero público. Tanto bandolero, tanto pirata suelto, provoca indignación en un pueblo sometido a enormes sacrificios. Desde el rey, pasando por Urdangarín, Pujol, González, Bárcenas, Pallerols, Guerrero, Baltar, Rato, Camps, Matas… y así hasta componer una lista con más de 300 cargos públicos, presuntos, y no tan presuntos chorizos, repartidos por todo el país salpican de heces el estercolero político español.
La corrupción es un mal antiguo, pero en estos tiempos, además de un delito, es una indecencia moral. Cuando tantísimos españoles sufren los rigores de una crisis larga y tremenda, produce asco que quienes están en el poder se lleven el dinero a manos llenas y sin cargos de conciencia.
Somos un país de idiotas, de borregos sumisos que se dejan avasallar. Mientras nosotros arrimamos el hombro y hacemos todo lo que nos dicen para salvar a España de la hecatombe, ellos se enriquecen a nuestra costa y, encima, les seguimos votando. Lo que digo, el colmo de la imbecilidad.
Los casos de despilfarro, corrupción, prevaricación, malversación de caudales públicos, fraude o tráfico de influencias son nuestro pan de cada día. A nosotros nos agobian las deudas y los pagos, los impuestos, las hipotecas… Mientras que a nuestros dirigentes lo único que les preocupa es encontrar el mejor paraíso fiscal donde guardar a buen recaudo el fruto de sus chanchullos.