18 de diciembre de 2012

La tragedia es no reaccionar

Para no sucumbir a la tragedia, te aclimatas o mueres.
Rinoceronte, grabado de Alberto Durero, 1515.
La piel del rinoceronte es muy gruesa, pero no tanto como la que cubre a nuestra sociedad y la aísla de la realidad. La destrucción de puestos de trabajo, anunciada mes a mes por el Ministerio de Trabajo, el goteo constante de ERE, las cifras millonarias en las que se mide el desempleo…, son una especie de parte de guerra. Y ya sabemos que a medida que los conflictos suman años, los comunicados de bajas dejan de afligir, salvo a las personas más allegadas al finado. Al final, las desgracias que se acumulan nos vuelven inmunes a la tragedia. Es lo que ocurre con las víctimas de los accidentes de tráfico, del terrorismo, de los desastres naturales…
Las cifras, por espantosas que sean, ya no nos provocan ninguna reacción. No logran que la sociedad despierte furiosa, ansiando suprimir las políticas que nos empobrecen. No tengo soluciones, no sé cómo evitar el camino que nos lleva a la miseria, pero, desde luego, las medidas que se han tomado hasta ahora son estériles, y, lo que es peor, perjudiciales. Llevamos cinco años caminando por un túnel negro al que no vemos salida. Intentan vendernos la panacea de los recortes, del ajuste del déficit, y nos la estamos tragando.
Se nos endurece la piel y es el preludio de la insensibilidad que nos convierte en una sociedad fallida.