15 de noviembre de 2012

Supositorios



El supositorio es un preparado farmacéutico. Tiene forma cilíndrica, con un extremo cónico redondeado, y se introduce por el recto. Su longitud oscila entre los 3 y 4 cm. y pesa entre 1 y 3 gr. Los principios activos que contiene van incorporados a un excipiente no irritante que debe fusionar a 37ºC.
Ahora que la Seguridad Social y las recetas de medicamentos se van a tomar por culo, literalmente hablando, los supositorios han pasado a mejor vida y apenas subsisten los de glicerina, que no son un medicamento en el estricto sentido del término, sino más bien un desatascador de cañerías.
Hace unos años, allá por los 60 del siglo pasado, el supositorio resolvía cualquier enfermedad: resfriados, fiebre, tos, estreñimiento o dolor de cabeza. Eso si se sabía aplicar correctamente, claro. Porque estaba extendida la idea de que el supositorio se introducía por su punta más aguda para facilitar la entrada en el intestino, en vez de hacerlo por su parte recortada para lograr que el esfínter presionase el supositorio hacia arriba y los plexos venosos propiciaran la absorción de la medicina. Este error, tan común entre los usuarios, dificultaba considerablemente la tarea de meter el supositorio en su lugar de destino, sobre todo entre los más pequeños. No era infrecuente que la madre tuviera que sujetar con fuerza las piernas del niño tumbado para evitar el instintivo gesto de rechazo, mientras se escuchaban los gritos de terror que profería la criatura y las palabras, tranquilizadoras o irritadas, de la aguerrida mamá. Por no hablar de las vergonzosas huidas con los pantalones abajo intentando evitar el fatídico desenlace. Resumiendo, el supositorio era una especie de rito iniciático a la vida, una preparación para lo que había de venir después.
Ya de adultos, el supositorio nos ha servido para relativizar el horror. Dejemos a un lado las escenas de Auswitchz, Hiroshima o de Esperanza Aguirre con una minifalda y calcetines cortos. Solo quien ha tenido que ponerse un supositorio conoce el infierno de cerca. La frecuente aplicación del remedio medicinal, también nos ha adaptado el ano y así hoy podemos tratar con políticos, empresarios y banqueros sin casi sentir dolor. Lo malo es que ahora, con el medicamentazo, los supositorios de vaselina no están cubiertos por la SS y si queremos que nos la metan con suavidad, tenemos que pagarlos nosotros.