13 de noviembre de 2012

La muerte explicada a los niños



La muerte forma parte de la vida, aunque nos empeñemos en negar esta obviedad e intentemos mantenerla a raya, alejada de nosotros. Cuando toca explicársela a un niño porque ha fallecido un familiar o alguien conocido, el asunto se complica. ¿Cómo abordar el tema? ¿Qué decir sobre ella?
Aquí van algunas sugerencias:
¿Cuándo y cómo hablar sobre la muerte a los más pequeños? Aprovechando cualquier situación que dé pie a ello, como la muerte de una mascota, se puede afrontar el asunto de forma clara y sencilla, evitando que el niño se forme ideas confusas. Importa especialmente la claridad en las explicaciones, por eso no vale recurrir a eufemismos del tipo: “Se ha ido al cielo”, “Está dormido”… Es preferible aducir que ya no está vivo, que no puede respirar, ni comer, ni hablar; que no estará más con nosotros.
Hay que evitar por todos los medios suscitar miedos innecesarios en los pequeños, explicarles que todos vamos a morir, pero que hay que ser muy, muy viejecito o estar muy, muy enfermo para que esto ocurra. Resulta primordial resolver las dudas que puedan suscitarse y permitir que pregunten y expresen sus temores y sus sentimientos.
También se puede aportar una visión religiosa de la muerte si el niño está siendo educado en alguna fe, de lo contrario es preferible omitir cualquier alusión religiosa que podría confundirle.
Suele ocurrir que a los pequeños les asuste la idea de que sus padres o ellos mismos puedan morir, entonces hay explicarles con afecto que sí es cierto que moriremos un día, pero aún falta mucho tiempo para que eso suceda.
En caso de fallecimiento de un familiar cercano, hay que darle oportunidad al niño de elegir si desea acudir al funeral. Es aconsejable que la decisión la tome a partir de los 7 u 8 años y conviene anticiparle cómo se desarrollarán los actos, que habrá personas muy tristes, que el familiar difunto estará en el interior de un ataúd, que luego se procederá al entierro o la incineración del cuerpo… Es importante atender las demandas o las reacciones del niño en todo momento, por si procede aclararle alguna cuestión o abandonar el acto antes de que se sienta intimidado o asustado por la situación.