14 de noviembre de 2012

Discurso de un obrero en paro


Dejé los estudios para ponerme a trabajar. Los estudiantes siempre andan tiesos y yo quería tener mi coche, mi ropa, mi casa… Así que me fui a la costa a servir copas. Te ganabas una pasta en propinas, los guiris son generosos, pero todo el día de acá para allá con la bandeja en la mano, harto de que te llamen a gritos, con los pies reventados de tantos paseos de la barra a la terraza, cansado de no tener un festivo libre… El caso es que lo dejé, cambié el grifo de la cerveza por el de la bañera. No sabía nada de fontanería, pero se me dan bien las chapuzas y enseguida aprendí lo básico. Me fue muy bien, pagaban de puta madre, y entre la nómina y el sobre aparte vivía como un rey. Saltaba de una obra a otra y nunca pasé un día sin trabajo. Pero empezaron a llegar rumanos, moros, hispanos. Al principio eran unos pocos, pero enseguida fueron una plaga. Eran gente que se ofrecía a hacer lo que fuera y a cualquier precio, muchos tenían oficio y echaron abajo el mercado. Cualquiera de ellos hacía lo mismo que los de aquí, aunque a mitad de precio, sin rechistar, sin importarles el horario o las condiciones.
Por culpa de los inmigrantes se ha ido todo a la mierda. Lo que habíamos ganado los trabajadores en derechos, se lo cargaron ellos de una patada. Porque trabajaban de día y de noche, las horas que hiciera falta, sin contrato, sin casco, sin afiliarse a un sindicato. Les daban las peores tareas y no decían ni mu, estaban encantados de cobrar la pasta que les daban. A la que nos dimos cuenta, ellos ya lo habían acaparado todo. Luego ha venido la crisis. Esta gente estaba acostumbrada a vivir con nada y a mandar más de la mitad de su sueldo a la familia. Y los de aquí nos quedamos en pelota. He tenido que aceptar trabajos basura después de llorar para que me dieran el puesto y no quedarme sin comer. Luego ves que esta gente recibe todas las ayudas, que los contratan porque no rechistan y te jode porque a nadie le gusta que vengan de fuera y te roben tu pan.

La cosa está muy mal, la mayoría de promotoras y constructoras han quebrado y no hay forma de conseguir un curro decente. Encima a los españoles no nos corresponde ninguna ayuda. Todas las subvenciones se las llevan ellos porque tienen tres o cuatro hijos pequeños y tú no has querido traer al mundo a ningún esclavo. ¿Qué nos queda? Robar, irte a dormir a un cajero, mendigar caridad…

2 comentarios:

Toy folloso dijo...

Una historia que, temo suscribirían varios millones de ciudadanos.

Con unos síntomas tan claros, y que nuestros doctores no sepan curar la enfermedad (más bien la agravan, parece....).

Unknown dijo...

No se por que le tienen que hechar la culpa a los migrantes, no son ellos los que crearon la burbuja inmobiliaria y ustedes por su ambicion quedaron enceguecidos

juancho