24 de octubre de 2012

Zona Perusta

 
Hasta 1434, las teorías de Aristóteles se habían por tomado por infalibles ya que sus argumentos eran contundentes: La proyección de la sombra de la Tierra sobre la Luna es redonda al producirse un eclipse, independientemente de la posición en la que se encuentre, algo que demuestra que nuestro planeta es redondo. Otra teoría aristotélica decía que las constelaciones mantienen su posición en el cielo aun cuando cambiemos de latitud, esto solo podría explicarse si nos desplazamos por una superficie curvada.  Con estos datos, la lógica le indicaba a Aristóteles que la temperatura se incrementaba cuanto más se desciende de latitud, por eso al llegar al ecuador podría haber aumentado lo suficiente como para derretir la brea con la que se calafateaba los barcos y los marinos que se aventurasen a ir más allá perecerían escaldados; en tierra firme, el calor haría imposible la vida. La zona ecuatorial que separaba a ambos hemisferios quedó bautizada como Zona Perusta y desde Aristóteles hasta los tiempos del rey portugués enrique el Navegante nadie se atrevió a traspasar esa frontera que delimitaba el cabo del Miedo, situado en la costa norte del Sáhara Occidental.
Pero Enrique fue un rey inquieto y aventurero, promotor de las más grandes aventuras de la humanidad e instó al navegante Gil de Eanes a traspasar la línea del cabo Bojador o a morir. Cuenta la leyenda que hasta en doce ocasiones se echó atrás Eanes, la silueta del cabo envuelto en bruma, que semejaba un mar hirviendo, hacía que diera media vuelta sin haber cumplido su misión. Al final, la humillación del patíbulo debió pesar más que el miedo a derretirse y el navegante dobló el cabo. Para celebrar su triunfo, se bañó en el mar hirviente.