Víctimas de los deshaucios



Se llamaba José Miguel Domingo Águila, aunque en La Chana, el barrio obrero de Granada donde vivía, era conocido por todo el mundo como Domingo, el del quiosco. Tenía 53 años e iba a ser desalojado de su piso, situado justo encima del local de su negocio, y por el que había formalizado una hipoteca en 2007 por valor de 240.000 euros, según fuentes de la Policía Nacional. La caída de sus ingresos pudo haber provocado sus impagos al banco y la posterior orden de desahucio.
La ambulancia llegó antes que los agentes judiciales. Uno de sus hermanos, que regenta una frutería junto al quiosco de Domingo, lo encontró ahorcado a primera hora de la mañana en el patio de la casa.
Ojalá el de Domingo fuera el primer y último caso de una persona que, acorralada por el banco y sin esperanzas de salir adelante, se quita la vida. En noviembre de 2010, en L’Hospitalet de Llobregat, un hombre de 45 años que también iba a ser desahuciado de la vivienda que ocupaba con su mujer y su hija menor de edad, se ahorcó en plena calle. Ayer mismo, unas horas después de conocerse el caso de Domingo, un hombre fue hospitalizado debido a las heridas que sufrió tras tirarse desde el balcón de su piso en Burjassot (Valencia). También iban a desahuciarle. En el domicilio quedaron su mujer, enferma en cama y en tratamiento por depresión, y uno de sus hijos.
Durante el primer trimestre de 2012, el número de desahucios ordenados por los juzgados españoles fue de 46.559, una medida de 510 procedimientos diarios, según las cifras oficiales facilitadas por el Consejo General del Poder Judicial.
La plataforma Stop Desahucios intenta movilizar a la población para que cese esta lamentable sangría en la que las víctimas de los bancos acaban en la más triste miseria. Entre tanto, los bancos se recapitalizan y reciben un rescate económico que no revierte en beneficio de la sociedad.

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