¿Hacia el IV Reich?

El cantante y actor Harry Belafonte ha declarado en una reciente entrevista que “el capitalismo nos lleva al IV Reich”. El capitalismo salvaje, claro, ese que padecemos desde hace ya demasiado tiempo, desde mucho antes de que se iniciara esta crisis que va camino de cumplir cinco años.
Cuando le preguntaron quién es el enemigo ahora, su respuesta pone algo de luz en la oscuridad reinante: “El capitalismo sin freno. La concentración de dinero en pocas manos es lo más peligroso que le ha pasado a la civilización. Y en la historia ha habido intentos de cambiarlo, pero sus líderes abandonaron la filosofía y se dejaron corromper por el poder. Como dijo el filósofo John Dalberg-Acton: ‘El poder corrompe y el poder absoluto corrompe absolutamente’, que es a lo que nos enfrentamos ahora, a las oligarquías. ¿Quién controla la prensa? Murdoch, Berlusconi… Todo debe ser como quieren: qué vemos en la televisión, qué cine se hace… Por suerte, tenemos las redes sociales, pero cada vez se controlan más. Los que tienen el poder en el sistema de libre prensa aplastan a la gente y crean guerras nefastas. Lo que se hizo durante el mandato de Bush, lo que continúa haciendo Obama, es mantener el paradigma. Tenemos leyes que alientan la tortura, no se cierra Guantánamo. En Estados Unidos la policía puede detenerte en cualquier momento sin informarte del motivo, enviarte a cualquier sitio y olvidarse de ti. Este capitalismo sin freno nos está llevando hacia el IV Reich”.
Estas palabras denotan bastante lucidez. Obviamente no las dice nadie que sea de derechas, conservador o neoliberal, para hablar así se ha de ser de izquierdas (al estilo europeo) o pertenecer a alguna minoría racial como es el caso de Belafonte. Quizás convenga aclarar a los más jóvenes que el III Reich fue un invento nefasto que Hitler y sus acólitos llevaron a cabo entre los años 30 y 1945 del siglo pasado en la vieja Europa, y en Alemania en particular, con un resultado escalofriante que se mide en millones de muertos, heridos y desaparecidos.
Por tanto, referirse al tiempo actual como “cercano al IV Reich” es durísimo, aunque también acertado, porque estamos a punto de entrar en él, aunque en esta ocasión no veamos uniformes, calaveras, cruces gamadas, banderas al viento y desfiles multitudinarios por las ciudades europeas. De hecho, cuando en una democracia europea los trabajadores votan a partidos de derechas, como aquí en España, significa que se le ha practicado a la sociedad una lobotomía masiva, y que ha funcionado.

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