¿Estás resacoso?



Te levantas tras una noche de juerga. Te duele la cabeza, sientes dolor muscular y una sensación de náusea quemándote el estómago. Sí, tienes resaca. Pero, ¿qué es la resaca? Es el malestar que padece al despertar quien ha bebido demasiado. Este cuadro miserable, según Joris C. Verster, investigador de la Universidad de Utrecht (Holanda) y experto mundial en la materia, “lo experimenta el 80% de la población mundial al menos una vez al año”.
Con la esperanza de averiguar las causas y consecuencias de la resaca, se creó en 2009 el Grupo de Investigación de la Resaca Causada por el Alcohol (Alcohol Hangover Research Group, AHRG). “La resaca se produce cuando los niveles de alcohol en sangre bajan a cero”, indica Verster. Y uno puede preguntarse, si ya no hay alcohol en el cuerpo, ¿por qué se produce el cansancio, la sed, los mareos, la debilidad, los escalofríos, el temblor, la falta de memoria y hasta 39 síntomas más? Existe la creencia de que todos estos daños colaterales son producto de la deshidratación, aunque no es cierto.
Ningún estudio ha conseguido encontrar el origen de la resaca. Tampoco cabe achacarla a alteraciones en las hormonas, electrolitos, cortisol, glucosa, triglicéridos ni lactato. Las últimas investigaciones llevadas a cabo durante el año 2010 sugieren que la severidad de este malestar se halla relacionada con factores inmunológicos.
La teoría inmunológica se basa en que el alcohol activaría las señales de alarma del cuerpo liberando citosinas, que serían las moléculas responsables del dolor de cabeza y del malestar tan semejante a cuando estamos enfermos. Pruebas con animales y humanos demuestran que tras una descarga de citosinas viene el dolor de cabeza, las náuseas, los vómitos, el cansancio y otros síntomas típicos de la resaca. Otro fenómeno que respalda a esta teoría es la falta de memoria: “las lagunas son una consecuencia conocida de la activación del sistema inmunológico”, explica Verster.
La resaca es como un puzle y está compuesta de muchas piezas. El consumo de tabaco y de algunas drogas, la edad y el sexo de las personas pueden influir en la gravedad de los síntomas. También hemos oído que hay bebidas que producen más resaca que otras o que las mezclas son malas. La respuesta a estas cuestiones está en los congéneres, unas moléculas orgánicas tóxicas propias del proceso de elaboración del alcohol, que le confieren color y sabor. El güisqui americano tiene 37 veces más congéneres que la vodka y en un estudio publicado por la revista Alcoholism Clinical & Experimental Research (2010), el investigador norteamericano Damaris Rohsenow y su equipo demostraron que la resaca de güisqui es mucho peor que la de vodka. El origen del malestar del día siguiente se debe principalmente al etanol que contienen las bebidas alcohólicas y los congéneres influyen en la severidad de los síntomas. De mayor a menor, las bebidas que originan peores resacas son el brandi, el vino tinto, el ron, el güisqui, el vodka, la cerveza y el zumo de naranja mezclado con etanol puro.
Las claves para disminuir las consecuencias de la resaca son: Evitar el “garrafón”. No mezclar diferentes bebidas alcohólicas. Tomar bebidas isotónicas de alto contenido en sales. Comer bien antes de beber, con el estómago lleno, el alcohol se absorbe con más lentitud. Beber mucha agua. Comer alimentos depurativos como el espárrago o la alcachofa. Y por último, el remedio que no falla nunca: no tomar alcohol o, al menos, hacerlo con moderación.

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