31 de octubre de 2012

Discriminación a los parados

Si se les pregunta, no lo admitirán abiertamente, pero su forma de pensar es muy habitual. Los profesionales de los recursos humanos, si pueden evitarlo, no contratan a nadie que esté en paro, y mucho menos si es un parado de larga duración. Así lo manifiesta Alex Comana, propietario de una agencia inmobiliaria californiana, en un artículo que tiene sumo interés porque, según este empresario, es lo que también ocurre en España.
Los motivos para no contratar a un desempleado se pueden resumir en tres:
1. Si alguien ha perdido su trabajo, por algo será.
2. Si alguien está en paro, lo más probable es que se haya quedado obsoleto.
3. ¿Realmente quiere trabajar?
Son muchas las circunstancias que han podido influir para que una persona se quede sin empleo, pero nunca se puede saber con exactitud cuáles son. Según afirma Comana, como nunca estaremos seguros del todo, lo mejor es curarse en salud y no contratar a este tipo de trabajadores.
Las personas en activo suelen tener más facilidades para ampliar su formación y para estar al tanto de las novedades de su sector. El que está fuera, está descolgado en ese sentido.
Cuando alguien está desempleado durante mucho tiempo, es probable que termine acomodándose. Sin embargo, la persona que trabaja acostumbra a ser más adaptable y sabe cómo ajustarse a nuevos puestos de trabajo.
Estas creencias no son formas ocasionales de valorar al candidato a un puesto laboral, sino convicciones instauradas en buena parte de los profesionales que gestionan los recursos humanos en las empresas. Su idea es que cuando alguien atraviesa una mala racha y está parado, es el responsable de lo que le ocurre.
Mal lo tenemos los parados, porque esta situación parece la pescadilla que se muerde la cola. Si estar en paro es un factor añadido para que nadie te contrate, al final la desconexión con el mercado laboral será absoluta y es muy posible que quien pierda el paso no lo recupere nunca.