8 de octubre de 2012

4711




La palabra perfume proviene del latín “per-fûmus” (por humo). Desde la Edad Antigua, el hombre ha perfumado su cuerpo y su entorno con aromas de flores, especias, bayas, semillas y resinas. Sin embargo, el formato actual de los perfumes, con base de alcohol y esencias, data del siglo XIV.

El primer perfume conocido que se fabricó siguiendo este patrón estaba aromatizado con romero y fue obsequiado por un monje a la reina Elizabeth de Hungría en 1380, cuando la monarca contaba 70 años de edad. Dicho perfume fue bautizado como “Agua de la Reina de Hungría” y se le atribuyeron cualidades extraordinarias. La reina lo bebió en una dosis moderada, algo que era práctica habitual en relación a los perfumes, y dicen que su achacoso estado de salud dio un vuelco tan espectacular que incluso fue requerida en matrimonio por el rey de Polonia.

Un salto en el tiempo y llegamos al siglo XVIII, cuando apareció una solución alcohólica aromatizada con romero, brotes de naranja, limón y bergamota que recibió el nombre de “Eau de Cologne” (Agua de Colonia) y que sirvió para dar un nuevo auge al universo de la perfumería. Si nos ceñimos a la versión histórica que cuenta con la aprobación de los expertos, tan importante fragancia no llega a Colonia (Alemania), sino a Florencia (Italia), al convento de “Santa Maria la Nuova”, donde desde el siglo XIV las monjas preparaban una solución de secreta fórmula cuyo nombre era “Acqua della Regina”. Corren rumores de que en 1696, un tal Giovanni Paolo Feminis, “encontró la manera” de obtener de la madre superiora del convento dicha fórmula.

Desde ese momento, la solución rebautizada como “Acqua Mirabilis”, que era apreciada por sus valores curativos, fue comercializada por el señor Feminis y por su sobrino Giovanni Maria Farina en un establecimiento de Colonia. Desde 1709 este perfume se utilizaba para dar alivio a tantos y diferentes males como: dolor de muelas, picaduras de insectos, afecciones cutáneas e incluso para el mal de amores. El remedio se ingería dosificado en gotas y disuelto en agua, vino u otros líquidos, también se frotaba sobre la zona del cuerpo afectada.

En 1727 el perfume “Eau de Cologne” se patentó en Colonia y el heredero de la fórmula, Jean Marie Farina, la distribuyó desde su establecimiento en la “Rue Saint Honoré” (París) a las cortes europeas. Entre los más ilustres usuarios del “Eau de Cologne” se encontraba Napoleón I, él la bebía en un preparado a base de jarabe, claras de huevo y zumo de limón. También se hacía frotar el cuerpo a diario con el perfume, pues consideraba que tenía propiedades estimulantes para el cerebro y le hacía pensar mejor. Su esposa Joséphine, una fanática de los perfumes apodada “fou pour l’almizclé” (loca por el almizcle), utilizaba esta fragancia que desde sus orígenes se considera unisex.

Existe otra versión sobre el origen del “Eau de Cologne”, según parece en 1792 un monje cartujo empezó la obtención del agua maravillosa de colonia en los sótanos de la Banca Mülhens, en la calle de la Campana (Glockengasse), y la obsequió a la joven pareja Mülhens como regalo de bodas. La fórmula secreta es fielmente guardada por su familia y se sigue en la actualidad para elaborar el agua de colonia en la casa Mülhens.

El joven Wilhelm Mülhens, para diferenciar sus frascos de agua perfumada de las demás creaciones de la competencia, colocó una etiqueta azul y dorada, la cual, aunque bastante distinta de la original, aún llevan las creaciones de la casa 4711. Hasta el año 1794, en la ciudad de Colonia no existía numeración de las casas en las calles. El jefe de la ocupación francesa ordenó la numeración de las casas, esta numeración no se hizo siguiendo un orden correlativo, sino que se adjudicó de acuerdo con la antigüedad de la vivienda, atendiendo a la época de construcción, la Banca Mülhens recibió el número 4711. En 1873, este número se incorporó en la etiqueta de los envases y actualmente se ha convertido en la marca dominante así como en la abreviatura para el nombre de la empresa.

El aroma del Agua de Colonia 4711, aún presente en las perfumerías actuales, ha creado adictos en todo el mundo. La fragancia suave y agradable, de dulce aroma, es célebre por su poder tranquilizante y restaurador. Uno de sus incondicionales usuarios fue Simón Bolívar. Un biógrafo del Libertador cuenta que el Agua de Colonia 4711 fue su perfume inseparable hasta la muerte. Todo podía faltar en sus largas travesías excepto el Agua de Colonia. Cuando el aroma dulce envolvía el ambiente, de inmediato se advertía su presencia. El Dr. Alejandro Próspero Reverend, médico de cabecera en sus últimos días, menciona la obsesión de Bolívar por el Agua de Colonia cuando rociaba su habitación de enfermo cada vez que tenía que atenderlo. Bolívar le recriminaba: “Usted huele a remedio” mientras vertía el dulce aroma en todos los lugares donde pisaba el galeno.