Sigo sin querer pagar

El movimiento ciudadano No Vull Pagar, articulado a través de las redes sociales, nació de forma espontánea y se ha extendido hasta el punto de que cerca de 30.000 conductores se ha negado a pagar los peajes de las autopistas catalanas. Cada uno de ellos será objeto de una denuncia de Tráfico para que se instruya la correspondiente sanción y de una reclamación civil por el importe del peaje no abonado. A los servicios jurídicos de las concesionarias se les ha complicado el trabajo. Los departamentos de Tráfico que estudian y gestionan denuncias así como los tribunales a los que vayan a parar las denuncias civiles se encontrarán con un alud de trámites extra que impedirá que el servicio sea fluido. Cabe suponer que la marea de denuncias pueda ir acompañada de otra de recursos con grandes probabilidades de prosperar.
El dato más significativo a estudiar en este caso es la causa de la insumisión ciudadana. La mitad de las vías de alta capacidad de Cataluña están gravadas con un peaje y en muchos casos no existe una alternativa eficiente, como la N-II, por ejemplo. Así que no es difícil comprender el malestar de los usuarios. Pero aceptando que el impago de los peajes es una postura difícil de defender, como dicen los promotores de la protesta: el Código de Circulación no especifica que haya que pagar y, por tanto, dejar de hacerlo, no es un acto sancionable. Lo raro es que existiendo este vacío legal durante treinta años ningún responsable lo haya detectado ni suprimido.

Comentarios

Toy folloso ha dicho que…
¿Eficiente la N-II?.
¡Que me parto el ojete!.
(Sino fuera tan trágico el asunto).
Mira.