27 de septiembre de 2012

Hombres prescindibles

En el siglo XVI los científicos observaron con sus primitivos microscopios su propio semen y pudieron ver a un hombrecillo encogido y perfectamente acomodado en el interior de cada espermatozoide. En esta disparatada teoría, las mujeres quedaban relegadas únicamente a aportar alimento a la criatura durante la gestación.
En el siglo XVII las teorías de Malpighi, Swammerdam o Needham llegaron un poco más lejos. Bastaba con descubrir el modo de alimentar de forma artificial al espermatozoide para que se desarrollase por sí mismo y la mujer pasaría a ser prescindible a la hora de generar descendencia.
Obviamente, los intentos por llevar a cabo este proyecto fracasaron, pues la naturaleza se obstinó en llevarles la contraria y, no solo eso, también nos ha demostrado que los machos son una rareza y un invento reciente de la evolución. La diferenciación sexual reduce la capacidad de reproducirse, de no existir esta, con un individuo bastaría.
Como la reproducción asexual es el doble de eficaz que la sexual quizá con el tiempo los hombres no sean tan necesarios. Las mujeres podríamos seguir el ejemplo de las abejas. De cada huevo fecundado sale una abeja hembra, salvo en los casos en los que deciden que el número de machos debe aumentar, entonces, al realizar la partenogénesis se controla en dosis justas el nacimiento de los machos, que solo tienen la misión de fecundar.