Astronomía forense

Para muchos, los cuadros son subjetivos y tienen tantas interpretaciones como personas los miran. Pero Don Olson, astrofísico de la Universidad de Texas (EEUU), intenta aportar objetividad a las apreciaciones. Se define a sí mismo como "astrónomo forense" porque resuelve incógnitas en cuadros, fotografías y relatos basándose en evidencias astronómicas. "Cuando la gente observa un cuadro, asume ciertas cosas como por ejemplo que lo que brilla es una estrella. Sin embargo, yo me pregunto: ¿qué estrella será?", explica. Cuestionarse casi todo le ha permitido descubrir el momento exacto en el que se pintó un cuadro o qué inspiró a grandes novelistas.
 
Algunos casos resueltos por Olson y su equipo de colaboradores.
 
-Arte: El grito, de Munch.
 
La imagen del hombre chillando bajo el cielo rojizo de Oslo es un icono de desesperación y el desconsuelo, pero el color de la atmósfera ¿es un recurso o una realidad? "El cielo de la pintura me recordó a los atardeceres que se produjeron tras el incidente de Krakatoa con los que estoy especialmente familiarizado", asegura Olson. El volcán de la isla de Krakatoa entró en erupción en 1883 y la explosión fue tan violenta que durante dos años, las latitudes del Norte tuvieron unos atardeceres asombrosamente rojizos. Los primeros bocetos de El grito, sin embargo, se dibujaron diez años después, entre 1892 y 1893. "Como la mayoría de las pinturas de Munch reflejan experiencias pasadas, la teoría tenía sentido", aclara el investigador.
 
El equipo corroboró que entre 1883 y 1884 los cielos de la capital de Noruega tenían "un brillo de color rojo muy intenso", según recogían las descripciones del Observatorio de Christiania (el nombre por el que se conocía antiguamente a la ciudad de Oslo). La prensa de la época también recogió este fenómeno. The New York Times describía así los atardeceres norteamericanos: "Desde hace varios días, un fenómeno asombroso y bonito ha acompañado el atardecer. Se trata de la coloración rojo sangre que aparece al Oeste, a unos 10 o 12 grados de altura, justo antes del atardecer... El reflejo en los edificios produce un efecto similar al de las llamas". En febrero de 2004, Olson y su equipo publicaron un artículo en el que concluyeron que el cielo de El grito está inspirado en los atardeceres que se observaron en Oslo tras la explosión de Krakatoa.
 
-Historia: La invasión británica de Julio César.
 
El emperador romano y sus tropas invadieron Reino Unido la noche del 26 al 27 de agosto del año 55 antes de Cristo. Este dato se daba por cierto hasta mitad de 2008, cuando Don Olson publicó una investigación que señalaba que la ocupación se produjo cuatro noches antes, en la del 22 al 23. El análisis del cuarto libro de La Guerra de las Galias en el que Julio César describe la batalla fue clave para el estudio. En el texto no figura una fecha concreta, pero describe el momento en que empezaron a ver los acantilados de Dover ("era cerca de la cuarta hora del día"), el momento en el que pisaron la playa ("en la novena hora") y la distancia que recorrieron en ese tiempo ("cerca de siete millas"). También menciona que en su cuarto día en tierras extranjeras, la batalla se retrasó por una tormenta, una luna llena y una marea inusualmente alta.
 
"La mayoría de los textos de historia explican que el emperador viajó hacia el noroeste de Dover. Pero los hidrógrafos mantenían que esa noche, con ese ciclo lunar y a esas horas, los hubieran arrastrado hacia el Sud-oeste", manifiesta Olson. Sin embargo, los historiadores aseguraban que los paisajes descritos en el libro eran los del Noreste. El equipo de Olson leyó los textos, comprobó los flujos de las corrientes y analizó el cielo de Dover en agosto, justo cuando el ciclo lunar coincidía con las condiciones de la marea que describe César. El resultado fue que tales condiciones se dieron la noche del 22 al 23 y que, efectivamente, llegaron al Noreste. "Debió de ser un error de alguien que copió el manuscrito", explica Olson. "Los científicos estaban en lo cierto acerca de las corrientes, así como los historiadores acerca del lugar al que llegaron. Con nuestro resultado, todo está conciliado".
 
-Literatura: Frankenstein, de Mary Shelley.
 
Cuando a Mary Shelley le pidieron que escribiera un prólogo explicando en qué se había inspirado para escribir Frankenstein ella contó que fue una noche de tormenta en junio de 1816. La escritora y su futuro marido estaban cenando en su residencia frente al lago Ginebra, en Suiza, con cuatro amigos más, entre los que se encontraba el poeta Lord Byron. Después de la cena, y condicionados por la lluvia, decidieron leer historias de miedo, hasta que Byron retó a cada uno de ellos a que escribieran un cuento de terror. Según Shelley, unos días después se encontraba en estado de duermevela cuando la claridad de la luna entró por su ventana y tal vez influenciada por la conversación sobre el sentido de la vida que tuvo con su pareja, comenzó a trabajar en Frankenstein.
 
Los críticos acusaron a Shelley de habérselo inventado para vender más libros. "Durante 15 años me he preguntado si podría recrear esa noche", explica el astrónomo. "La recreamos y no encontramos ninguna razón para dudar de su testimonio, en base a lo que vimos utilizando el sistema de simulación". La historia de Shelley no era ficción.

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