28 de agosto de 2012

Wikileaks y la libertad de expresión


Nos hemos pasado nuestra carrera como cineastas argumentando que los medios informativos de los Estados Unidos a menudo omiten informar a los americanos acerca de las acciones más desagradables de nuestro propio gobierno. Por ello hemos agradecido profundamente los logros de WikiLeaks y aplaudimos la decisión de Ecuador de conceder asilo diplomático a su fundador, Julian Assange, quien vive ahora en la embajada ecuatoriana en Londres.
Ecuador ha actuado de acuerdo con principios importantes de derechos humanos internacionales. Ciertamente, nada podía mostrar de mejor manera lo apropiado de la acción de Ecuador que la amenaza británica de violar un sacrosanto principio de las relaciones diplomáticas e invadir la embajada para arrestar al señor Assange.
Desde la fundación de WikiLeaks, se ha descubierto el metraje de “Collateral Murder” que muestra la aparentemente indiscriminada matanza de civiles en Bagdad por un helicóptero de ataque “Apache” de los Estados Unidos; una aún más detallada imagen de la auténtica cara de las guerras en Iraq y Afganistán; la connivencia de los Estados Unidos con la dictadura de Yemen para ocultar nuestra responsabilidad por los ataques aéreos allí; la presión ejercida por la administración Obama sobre otras naciones para no procesar a funcionarios de la época de Bush por torturas; y mucho más.
Previsiblemente la respuesta de aquellos que preferirían que los Estados Unidos permanecieran sumidos en la oscuridad ha sido feroz. Cargos electos de primera magnitud de ambos partidos han llamado al señor Assange un “terrorista de alta tecnología”. Y la senadora Dianne Feinstein, la demócrata de California que dirige la Alta Comisión de Inteligencia, ha exigido que se le procese bajo la Ley de Espionaje. La mayor parte de estadounidenses, británicos y suecos no son conscientes de que Suecia no ha acusado formalmente al señor Assange de crimen alguno. Más bien ha lanzado una orden de arresto para su interrogatorio por acusaciones de agresión sexual en 2010.
Tales acusaciones han de ser detenidamente investigadas antes de que el señor Assange se desplace a un país que podría ponerle más allá del sistema judicial sueco. Pero son los gobiernos británico y sueco los que están obstruyendo una investigación, no el señor Assange.
Las autoridades suecas han viajado a otros países para llevar a cabo interrogatorios cuando ha sido necesario, y el fundador de WikiLeaks ha dejado clara su disposición a ser interrogado en Londres. Más aún, el gobierno ecuatoriano hizo una oferta directa a Suecia para permitir que se entrevistara con Assange dentro de la embajada de Ecuador. En ambos casos, Suecia se negó.
El señor Assange también se ha comprometido a viajar a Suecia inmediatamente si el gobierno sueco promete que no le extraditará a los Estados Unidos. Los dirigentes suecos no han mostrado interés en considerar dicha propuesta y el ministro de Asuntos Exteriores Carl Bildt comunicó hace poco al asesor legal del señor Assange y a WikiLeaks, de forma inequívoca, que Suecia no hará tal promesa. El gobierno británico también tendría el derecho bajo el tratado correspondiente de evitar la extradición del señor Assange a los EEUU desde Suecia, y asimismo ha rehusado prometer que usará tal poder. Los intentos de Ecuador de facilitar dicho acuerdo con ambos gobiernos fueron rechazados.
En conjunto, las acciones de los gobiernos británico y sueco nos sugieren que su auténtico plan es llevar al señor Assange a Suecia. Debido a tratados y otras consideraciones, probablemente es más fácil extraditarlo desde allí a los Estados Unidos para ser acusado. El señor Assange tiene buenas razones para temer tal desenlace. El Departamento de Justicia confirmó recientemente que continuaba investigando a WikiLeaks, y documentos gubernamentales australianos divulgados recientemente, el pasado febrero, afirman que “la investigación de los EEUU sobre una posible conducta criminal del señor Assange está en curso desde hace más de un año”. La propia WikiLeaks ha publicado e-mails de Stratfor, una empresa privada de inteligencia, que afirman que un gran jurado ya ha devuelto una acusación formal previa del señor Assange. Y la Historia señala que Suecia se plegará a las presiones de Estados Unidos para que les entreguen al señor Assange. En 2001 el gobierno sueco entregó a la CIA dos egipcios que buscaban asilo; ésta los envió al régimen de Mubarak, que los acabó torturando.
Si el señor Assange es extraditado a los EEUU, las consecuencias resonarán durante años por todo el mundo. El señor Assange no es ciudadano americano y ninguna de sus acciones han tenido lugar en suelo estadounidense. Si los Estados Unidos pueden procesar a un periodista en estas circunstancias, los gobiernos de Rusia o China, por la misma lógica, podrían exigir que los corresponsales extranjeros en cualquier parte de la Tierra fuesen extraditados por violar sus leyes. Establecer tal precedente debería preocuparnos a todos, admiremos o no a WikiLeaks.
Emplazamos al pueblo británico y al sueco a que exijan a sus gobiernos que respondan a algunas preguntas básicas: ¿Por qué rechazan las autoridades suecas interrogar al señor Assange en Londres? ¿Y por qué ninguno de los dos gobiernos promete que el señor Assange no será extraditado a los Estados Unidos? Los ciudadanos de Gran Bretaña y Suecia tienen una oportunidad excepcional de defender la libertad de expresión en nombre de todo el planeta.
*Michael Moore y Oliver Stone firman este artículo publicado en el New York Times