Heridas abiertas


No se investigan las muertes, se archivan casos sistemáticamente, la Audiencia Nacional se ha inhibido y el Tribunal Supremo cierra las puertas al esclarecimiento de los 114.266 casos de personas desaparecidas en España durante la guerra civil y el franquismo.
Se argumenta que los crímenes no eran considerados tales cuando fueron cometidos. Aunque estaban vigentes la Convención de La Haya de 1899 y 1907, el Estatuto del Tribunal de Nuremberg y el derecho consuetudinario. Se sostiene que los delitos han prescrito al haber transcurrido más de 20 años desde que se cometieron, cuando los crímenes de derecho internacional no prescriben nunca. El Tribunal Supremo también se escuda en que los supuestos culpables ya han fallecido, pero la obligación de investigar es independiente de la obligación de enjuiciar a los responsables y el impedimento que según el tribunal establecen las leyes nacionales, tampoco es cierto, pues la Ley de Memoria Histórica declara que su contenido es compatible con las acciones judiciales que se pudieran ejercer y la Ley de Amnistía de 1977 excluye de su ámbito de aplicación delitos que hayan supuesto “violencia grave contra la vida o la integridad de las personas”.
Ante esta situación, los descendientes de aquellas víctimas buscan justicia en Argentina, donde está abierta la única causa en el mundo sobre estos crímenes en aplicación de la jurisdicción universal.
La indefensión de las víctimas es flagrante porque algunos juzgados que asumieron la competencia sobre los casos no les informaron debidamente, privándoles de la oportunidad de personarse, ser oídas y de seguir el proceso. Tampoco se les notificó el archivo de todos los casos, impidiéndoles la posibilidad de recurrir a instancias superiores y, además, el hecho de que la competencia se trasladara a los juzgados territoriales, tomando como criterio la ubicación de las fosas, ha excluido del proceso a muchas víctimas que no saben dónde se encuentran los restos de sus familiares, discriminándolas en el acceso a la justicia.
Las heridas siguen abiertas ante la impasibilidad cruel de todos aquellos que pueden y deben hacer algo para que este episodio tan lamentable de la historia de España se cierre definitivamente.

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