3 de julio de 2012

Felices como perdices

Según el tercer Happy Planet Index (IPF), un indicador de la felicidad del planeta que elabora la New Economics Foundation, Costa Rica es el país más feliz del mundo, seguido de Vietnam, Colombia, Belice, el Salvador, Jamaica, Panamá, Nicaragua, Venezuela y Guatemala. Todos son países que podríamos considerar en fase de desarrollo y que, por suerte, no viven con la angustia que genera la prima de riesgo, la sombra de la debacle económica, la ejecución de los desahucios por el impago de la hipoteca, la estafa de las participaciones preferentes, los recortes, los copagos, las subidas de impuestos… Aunque esto no forma parte de los parámetros evaluadores, estoy convencida de que influye. La prueba está en que los países más desarrollados no forman parte del top ten de la felicidad, teniendo en cuenta que ésta es medida en función de la esperanza de vida, de la percepción del bienestar y de la huella ecológica, entre otros indicadores.

En el caso de España, de un listado de 151 países, se sitúa en el número 62, muy por debajo de Nueva Zelanda, Noruega, Japón, Alemania, Francia, Italia o Suecia y en relación con el anterior indicador, que data de 2008, España muestra un descenso preocupante del índice de felicidad, seguramente porque las malas noticias pesan más que los escasos vestigios de optimismo que nos puedan quedar.

Ignoro si realmente somos capaces de medir el grado de felicidad de una población, porque, entre otras cosas, ésta no es nunca estable y depende mucho de las circunstancias que rodean a cada individuo. Tampoco sé cuáles son los factores que la pueden determinar y traducir en una cifra como ha hecho la New Economics Foundation, pero está claro que resulta mucho más grato visualizar esta especie de índice que esos otros que desde hace meses nos tienen preocupados y que no terminamos de entender. Quizá si el PIB, el IBEX, el Euribor, la prima de riesgo y tantos otros indicadores dramáticos fueran sustituidos por el IPF acabaríamos siendo más felices o soñaríamos que podemos serlo.