Viaje al pasado

Todo sucede como en un sueño. Sé que da comienzo un viaje iniciático, de esos que te cambian por dentro después de haberlo puesto todo patas arriba.

Como tantas otras veces antes, tuve una intuición. No sabía cuándo, ni cuál sería el detonante. Pero íntimamente era consciente de que en algún momento tendría que hacer este viaje.

Las tumbas de los muertos estaban abiertas y había que tapiarlas para que los fantasmas descansaran al fin en paz. Debía clausurar mi vida anterior. Finiquitarla para siempre. Su lastre se había vuelto demasiado pesado y casi no me dejaba avanzar.

Ahora, en el tren, el mundo se mueve bajo mis pies mientras yo estoy quieta. Sé que voy camino del cementerio, que me daré de bruces con rostros descompuestos por el paso de los años. Como siempre, me acompaña un ángel. Sus alas no son etéreas, sino amorosos brazos que me transmiten cariño y fuerza. Podré. Sé que podré. Soy reincidente. Ya he enterrado otras vidas. Curiosamente todas han sido vidas circulares, que me han devuelto al punto de partida. Solo que yo no era la misma viajera que salió buscando un horizonte nuevo. Se cierran círculos. Se abren esperanzas.

Para volver, he de partir. Necesito aprender esta enseñanza vital. Necesito mutar. Desplegar mis incipientes alas de mariposa y volar.

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