Lo absurdo del racismo

El racismo nace de la estupidez y de la ignorancia. Existen dos argumentos para mantener el error: Yo soy mejor porque soy de aquí. Ésta es una creencia absurda porque nadie elige dónde quiere nacer. Yo soy mejor porque pertenezco a un gran linaje y mis antepasados son gente importante. Otra tontería. De entrada, cuando investigamos nuestro linaje, solemos empezar mal, se utiliza el linaje patrilineal y la única persona que sabe con certeza, aparte del actual análisis de ADN, de quién es un hijo, es la madre. Dicen que bastaría con que el 10% de hijos no fueran del padre oficial, para que en pocas generaciones resultase imposible seguir el linaje, aun siguiendo el de la madre. Recientes investigaciones (Matthew Tree, 2008) añaden además que en la península existe un 11% de personas cuyos antepasados son norteafricanos y un 20% descienden de judíos.

Supongamos que, pese a los inconvenientes, podemos seguir el linaje, saber de dónde venimos no es tan sencillo. En nuestro país, en mayor o menor medida, han vivido griegos, romanos, árabes, franceses, etc. Pero aún podríamos remontarnos más atrás en el tiempo. Eduald Carbonell, el arqueólogo de Atapuerca, en Los sueños de la evolución, nos explica que la civilización nació en África. Por ejemplo, el KNM-1470, un homo habilis hallado en el lago Turkana de Kenia hace entre 3,2 y 3,5 millones de años o en Etiopía, donde se descubrió el australopiteco Lucy, de 3 millones de años.

En Tanzania, en concreto en un lugar denominado Olduvai, hace unos dos millones de años se generó lo que denominamos inteligencia operativa. Estos son nuestros ancestros, que derivaron en los neandertales. Hace veinte mil años se produjo una segunda oleada en el proceso de hominización que probablemente llegó hasta aquí procedente de Asia. Solo un fascista recalcitrante o un absoluto imbécil pensaría que tiene “limpieza de sangre”, como exigía la Iglesia católica y usaba la Inquisición para hacer efectiva la separación entre los diferentes pobladores de España. Un estigma que se eliminó al establecerse los registros civiles con la revolución liberal burguesa del siglo XIX. Así pues, los españoles somos una mezcla de gentes venidas de aquí y de allá, por lo que tiene poco sentido sentirse ario puro y, por tanto, superior a los demás.

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