Cómo enfrentarse a embargos y evitar deshaucios

Primero se nos creo la falsa necesidad de tener una vivienda en propiedad. Cuando mordimos el anzuelo se privatizó el suelo del Estado, de todos, y se concedieron permisos y licencias a “empresas amigas” para que se sumaran al lucrativo negocio de la especulación. Subieron los contratos hipotecarios y así se enriquecieron las estructuras financieras y bancarias. Al mismo tiempo se anudaba la soga que con el tiempo nos había de estrangular. Millones de personas firmaron hipotecas que a duras penas podrán asumir sus herederos. Pero mientras tanto, los bancos, las cajas, las constructoras, las inmobiliarias y toda esa caterva de carroñeros que se nutren de sangre obrera engordaban sus bolsas con el sudor ajeno. Y en esto andábamos cuando llegó el 2008 y nos trajo una crisis bajo el brazo.

El castillo de naipes está en el suelo y miles de familias sucumben cuando los plazos para abonar las cuotas hipotecarias se quedan cortos. Existe una solución que nadie nos cuenta porque no interesa que sepamos, que nos defendamos, que plantemos cara a esta situación. Cuando veamos que ya no somos capaces de asumir el pago de la hipoteca, existe la posibilidad de alquilarla a otra persona, a la par que alquilamos otra vivienda en las mismas condiciones. Con este proceso se puede bloquear un desahucio durante al menos 5 años, que es el tiempo durante el cual la ley protege al inquilino ante un cambio de propietario de su casa.

Hay que tener en cuenta ciertos requisitos: Que el nuevo inquilino habite efectivamente la casa; que el precio del alquiler sea razonable, aunque resulte bajo en comparación con otros; que haya una domiciliación de recibos y que el pago del alquiler se realice y pueda acreditarse. Se trata de demostrar ante el juez que el contrato de alquiler es real.

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