Exposición

Entramos en una sala de exposiciones para ver, para sentir, para dejarnos cautivar, para que nos cuenten algo, para que nos enseñen o nos inspiren. Pero ¿qué es una exposición? Una exhibición de objetos. ¿Y qué vemos en una exposición? Vemos mucho más que objetos. Captamos el entorno y esto produce un efecto en nosotros, en nuestro ánimo. Podemos aburrirnos, embelesarnos, sentirnos estimulados, desconcertados, fascinados, molestos, indiferentes. Sin embargo, no tenemos conciencia de estos detalles y nos quedamos con una sensación general de agrado o desagrado.

Algunas exposiciones tienen el propósito de generar una respuesta específica en el público e incluso la disposición de los elementos intenta influir en cómo los vemos. Aunque este objetivo no siempre se cumple. El planteamiento de un comisario y el resultado que genera en el espectador no siempre concuerdan.

Los catálogos dan cuenta de lo expuesto. A veces, enumeran a las personas que intervienen en la muestra, ofrecen biografías, cronografías, bibliografías, contextos, justifican la exposición, orientan al espectador y amplían su percepción. En el peor de los casos crean y refuerzan estereotipos.

Exposiciones agrícolas, ganaderas, artísticas, etnográficas, alimenticias… Todas ellas potencian nuestra capacidad de percibir y de valorar, en cada una de ellas somos receptores activos porque aportamos nuestra interpretación. Quizás sea éste el mayor logro de una exposición: invitarnos a realizar una lectura personal de lo que vemos.

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