11 de febrero de 2012

Zierzera

La piel de las manos resquebrajada. Todo el día poniéndote crema hidratante y como si nada, las manos se amojaman por momentos. Los labios se rasgan y sangran, acuchillados y secos. Los ojos lloran acusando los gélidos latigazos. Vuelve la zierzera y sopla con fuerza. Todo el mundo habla del frío, pero no se menciona este ulular poderoso y constante que es la zierzera. A la zierzera se le atribuye el poder de influir en el carácter de los zaragozanos: arrastrarlos a la esquizofrenia, dotarlos de espíritu artístico, darles fuerza. La zierzera dura días y días, te trastoca, te vuelve irascible. Si su fuerza mínima ronda los 90 kilómetros por hora, su influencia en las personas parece evidente ¿no?

García Márquez explica en una de sus narraciones cómo, estando unos días a Cadaqués, huyó de allí al vivir una tramontana monumental, histérica, histórica, que le llevó a pensar que si no huía se volvería loco. Tramontana y zierzera son advocaciones del mismo viento del Norte. La doctora Rojo realizó un estudio en un pueblo ampurdanés sobre la influencia del territorio en el estado de ánimo de sus pobladores y llegó a la conclusión de que los pueblos abatidos por el viento son terreno sembrado para la depresión y las caídas de ánimo.

La zierzera influye en los artistas, y es una lástima que Goya no esté aquí para corroborarlo. La zierzera forma parte de la vida de las gentes, por eso cuando se ausenta por unos días, se echa en falta.



Zierzo: sust. masc.= viento del Norte.

Zierzera: sust. fem.= zierzo que sopla con violencia.

Diccionario aragonés, Rafael Andolz