El problema de los tópicos

Dicen que Dios hizo el mundo perfecto y cuando creó a los humanos encargó a los ingleses que se ocupasen de acoger a la gente, a los franceses de preparar la comida, a los alemanes de organizarlo todo y a los italianos y españoles les puso como encargados de las fiestas. Era un mundo idílico, claro, pero el diablo tuvo tanta envidia de esta perfección que gracias a sus arteras artimañas consiguió que los franceses se encargasen de la acogida, los ingleses de la cocina, los alemanes de la fiesta y los italianos y los españoles de la organización. Este chiste sirve para explicar las características de los pueblos.

Respecto a los tópicos nacionales una no sabe ya qué pensar. Es cierto que, en general, existe un poso de verdad, pero el tópico enmascara la realidad, mucho más compleja, y con frecuencia la contradice. Si volvemos a los tópicos, según un programa sueco titulado “La mirada sueca” que se puede encontrar en YouTube, los españoles nos acostamos a partir de las dos de la madrugada, cuando termina un programa de televisión de mucho éxito que siempre comienza impuntual. Nos levantamos a partir de las ocho y cuarto de la mañana, comenzamos a trabajar sobre las once, hacemos una comida de dos horas con platos hipercalóricos como el cocido madrileño y después dormimos la siesta. Cuando conseguimos reanudar la jornada, volvemos al trabajo y aprovechamos para leer el diario y pasar dos horas en Facebook para ligar. Con tanta actividad extralaboral, tenemos que quedarnos hasta muy tarde en el tajo, hasta las ocho o las nueve, así justificamos que hemos trabajado mucho y nos hacemos candidatos a un ascenso. Al salir del curro, quedamos para tomar unas copas, cenamos y vemos la tele hasta altas horas. Así un día tras otro.

El problema de estos tópicos es la consecuencia que se deriva de ellos: la crisis económica es más fuerte aquí porque nos lo merecemos y, por tanto, no es necesario que el norte de Europa protestante haga nada por el sur mediterráneo católico, ya que no servirá ayudar a un hatajo de gandules. Esto es lo que deben pensar de los españoles Angela Merkel y Nicolas Sarkozy. Aceptando que en España se han cometido muchos errores, conviene no olvidar la política monetaria de la Unión Europea. Nos hemos puesto en manos de Alemania cuando les interesaba el dinero barato para favorecer sus exportaciones, eso hizo crecer nuestra famosa burbuja inmobiliaria, que todos los gobiernos estimularon y que el Banco de España bendijo con su silencio. Ahora que a nosotros nos conviene el dinero barato para estimular el crédito y el consumo, Alemania impone un tipo de interés alto para forzar las reformas neoliberales en los países del sur, reduciendo de forma brutal sus niveles de bienestar.

Me parece bien que se aproveche la crisis para hacer reformas, pero que nadie nos líe, la primera y más importante es hacer que se cumplan las leyes, las fiscales en primer lugar. Resulta intolerable que el 70% del fraude se acumule en las grandes corporaciones empresariales y los grandes patrimonios. También lo es que la economía sumergida se sitúe entre el 23% y el 25% del PIB; que alguien que percibe 100.000 euros de intereses pague un tipo máximo del 21% y que un asalariado con el mismo nivel de renta pague hasta un 48%; que un pañal tribute un IVA del 18% y un Ferrari también. Estos ejemplos los he obtenido de Miguel Ángel Mayo, coordinador del sindicato de Técnicos de Hacienda, que calcula que cada año la hacienda pública deja de ingresar 90.000 millones de euros. Esto sí que es un robo. Por eso, en vez de cerrar servicios sanitarios, reducir las plantillas de maestros, rebajar el sueldo de los funcionarios o congelar el salario base con la excusa de que hemos estirado más el brazo que la manga, ¿por qué no se persigue a quienes no cumplen sus obligaciones tributarias? Después podríamos ocuparnos de tratar otros asuntos, por ejemplo, la promoción del trabajo bien hecho, del aumento de la productividad, de la europeización de los horarios laborales, escolares y comerciales…

¿O es que los españoles, además de vagos, nos hemos ganado a pulso nuestra fama de piratas y bandoleros?

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