29 de septiembre de 2011
Cuadernos Rubio, ahora contra el alzhéimer
27 de septiembre de 2011
Qué ocurre de verdad
¿Quién se beneficia de este río revuelto? ¿Quién dispone de capital para comprar a precios de saldo empresas europeas? ¿Cómo es posible que la capitalización de una empresa saneada y con beneficios esté por debajo de su valor en libros? La bolsa sufre una avalancha vendedora, pero será porque alguien está comprando, pienso yo. ¿Quién se forra a costa de la crisis?
26 de septiembre de 2011
23 de septiembre de 2011
Curioso
Modificar la ley electoral
22 de septiembre de 2011
Sin pechos
21 de septiembre de 2011
Chistes de ginecólogos
20 de septiembre de 2011
Lo que nos falta: unas elecciones
19 de septiembre de 2011
Pairones
16 de septiembre de 2011
La tuerca se pasa de rosca
15 de septiembre de 2011
Westminster
13 de septiembre de 2011
Carta de Esperanza Aguirre
Visto en: Profesorgeohistoria
11 de septiembre de 2011
La decadencia de Occidente
10 de septiembre de 2011
No sin mi móvil
9 de septiembre de 2011
Sin normas
8 de septiembre de 2011
Por fin

7 de septiembre de 2011
Engañifas
6 de septiembre de 2011
Esclavos modernos
A menudo, muy a menudo, hacemos en el trabajo más horas de las que nos corresponde. Queremos triunfar, conservar el empleo, quedar bien con el jefe, y nos imponemos la máxima del sexo: nunca digas que no. Pero nos asaltan dudas sobre la ética de nuestro espíritu de sacrificio y nos preguntamos si con esta postura no estaremos perjudicando, de rebote, a los compañeros que únicamente desean cumplir con el horario establecido.
El investigador francés Nicolas Chaignot ha presentado recientemente su tesis doctoral: Esclavages et modernités: la servitude volontaire comme problématique du capitalisme contemporain, en la que afirma que sin un derecho que proteja a la persona de la servidumbre “no puede haber modernidad”. Según sus conclusiones, el espíritu del nuevo capitalismo se puede interpretar como una “ideología de la servidumbre voluntaria”. Esta nueva forma de esclavitud encubierta no es inocua: se la vincula con enfermedades mentales y suicidios asociados a la presión laboral. La servidumbre voluntaria amenaza directamente a la dignidad humana y al mismo corazón del contrato social. La tesis ha sido premiada por Le Monde.
4 de septiembre de 2011
Platos de autor
Si Vincenzo Camuccini, es decir, Gioacchino Rossini (1792-1868), no tuvo ocasión de escribir más partituras inolvidables fue porque dedicaba buena parte de su tiempo a su otra gran pasión: la cocina. Adoraba las trufas y los tomates secos; rellenaba la pasta de foie gras y trufas cuando nadie más lo hacía, consiguiendo resultados sorprendentes. Rossini se enamoró de Maria Colbran, soprano que estrenó su Barbero, hablando de una de sus nuevas recetas con trufas: los famosos canelones a la Rossini, rellenos de trufa, hígado de pollo, ternera y cubiertos de nata y parmesano. Una receta hoy internacional. Como el tournedó Rossini, el filete acompañado de virutas de jamón, queso gruyere, salsa bechamel y vino de Marsala.
El carpaccio toma su nombre del color rojo vivo que utilizaba el pintor veneciano Vittore Carpaccio (1460-1526) y su origen se encuentra en el Harry’s Bar de Venecia. Un establecimiento considerado monumento de interés por los aficionados a la buena mesa fundado en el periodo de entreguerras por Giuseppe Cipriani y que ha servido entre clientes sus distinguidos a Truman Capote, Scott Fitzgerald o Ernest Hemingway; de hecho, Hemingway incluyó a Cipriani como protagonista de la novela Al otro lado del río y entre los árboles. El creador del Harry’s Bar explica en sus memorias que ideó el carpaccio pensando en la condesa Nani Mocenigo, que tenía desajustes de hemoglobina y debía seguir una severa dieta.
Los blinis Demidoff toman el nombre de un aristócrata ruso del siglo XIX, Anatole Demidoff. Son una especie de crepes hechos a base de levadura, leche, huevos y harina. Se necesitan quince gramos de levadura fresca, 160 de harina, una taza de leche tibia, dos yemas de huevo, dos claras batidas a punto de nieve, una cucharada de sal y un cuarto de nata montada para hacer la masa. Ésta se corta en perfectos círculos y se sirven con caviar y nata agria por encima. La receta original admite infinidad de versiones, tantas como dé de sí la imaginación del cocinero.
El origen del sándwich es muy conocido. A John Montagu, IV conde de Sandwich (1718-1792), le servían este bocadillo para que pudiera comer sin dejar de jugar al tenis.
El chateaubriand, un grueso trozo de carne que se extrae del centro del filete de ternera, toma el nombre del vizconde François-René de Chateaubriand (1768-1848), escritor y diplomático francés, autor de las conocidas Memorias de ultratumba. Se cree que el filete se popularizó en Londres, desde la embajada francesa, por su cocinero Montmirel.
La autoría de los huevos a la Benedict, una tostada cubierta de bacón y huevos escalfados bañados en salsa holandesa y adornados con una lámina de trufa, se la disputan varios Benedict. Uno de ellos es el financiero Lemuel Benedict, que solía pedirlos en el hotel Waldorf, de Nueva York.
La tarta Sacher, la gran dama vienesa de bizcocho, chocolate y ron, fue ideada por Franz Sacher (1816-1907), jefe de cocina imperial y propietario del hotel Sacher, que se la preparó a Metternich cuando tenía dieciséis años y se encontraba sustituyendo al chef que atendía al príncipe austriaco.
Las ciruelas Claudia se bautizaron con el nombre de Clàudia d’Oullins, mujer de Francisco I.
Las galletas con pasas Garibaldi, que tanto gustan a los italianos, reciben el nombre de Giuseppe Garibaldi (1807-1882), que era un fiel devoto.
El filete Wellington, filete de ternera en hojaldre y salsa de vino, se creó en honor del duque de Wellington, héroe de la batalla de Waterloo.
La carlota de manzana fue preparada por primera vez por el gran Carêem para honrar a la reina Carlota, consorte de George III, el rei granjero de Inglaterra.
La conocida salsa bechamel lleva el nombre de su creador, el marqués Louis de Bechamel, experto cocinero y responsable de las finanzas durante el reinado de Luis XIV.
Los melocotones Melba, helado sobre melocotón partido por la mitad, recibieron el nombre que les adjudicó el cocinero del hotel Ritz, Auguste Escoffier, para rendir tributo a Nellie Melba, nombre artístico de Helen Porter Mitchell (1861-1931), una cantante de ópera australiana muy admirada en su tiempo, a la que también le dedicaron una tostada.














