20 de mayo de 2011

Saber comer

Desde las más antiguas culturas y llegando a las actuales, el convite, el banquete, comer en grupo, compartir los alimentos es casi un ritual sagrado, núcleo de amistad y de convivencia social. La liturgia de la comida ofrece un papel cohesionador. Compartir el pan en las primeras comunidades cristianas, los interminables banquetes de bodas medievales, las fiestas modernas… Son indispensables para entender los códigos de una sociedad. Incluso las religiones, con sus normas y tabúes, pero también con su simbología, han entrado en el terreno de la comida hasta integrarla en sus ritos: el Sabbat judío, la Eucaristía cristiana, el Ramadán musulmán, etc.


Ya en el Antiguo Egipto existían códigos de conducta en la mesa: las Instrucciones de Ptahhotep, 2.500 a. de C., y diversas tablillas mesopotámicas abordan la cuestión. Asimismo China, el mundo clásico grecorromano, los textos de Alfonso X el Sabio o de Francesc Eiximenis de la Edad Media, en Italia, Alemania o Francia, en los festejos reales o en las comidas de negocios actuales existen normas de buena conducta. Observar estas pautas es saber convivir con los demás, pero ¿sabemos comer? Las normas se han flexibilizado tanto que del protocolo riguroso se ha pasado al mal comportamiento, incluso a la falta de respeto hacia los demás comensales. ¿Cuántas personas comen con la boca abierta, se acercan el cuchillo a los labios, usan el palillo sin la menor discreción, imponen su conversación telefónica, hablan con la boca llena…? Por suerte, la nueva ley antitabaco evita el cigarrillo entre plato y plato cuando se come en bares y restaurantes.

18 de mayo de 2011

¿Lo hemos conseguido?




Tras lustros de lucha, las mujeres hemos conseguido que la palabra dada sirva para convertir a un hombre en culpable de la mayoría de delitos sexuales. Esto ha permitido que se castigue a muchos indeseables, pero, al mismo tiempo, también le ha causado la ruina a un montón de inocentes.



La palabra de una camarera de hotel ha servido para que el presidente del FMI haya acabado en prisión. La policía, un fiscal y un juez han creído el testimonio de una mujer. Dominique Strauss-Kahn puede ser culpable, pero a falta de un conocimiento completo de los hechos, también pudiera ser inocente.

5 de mayo de 2011

Mujeres libres, luchadoras y libertarias

La primera organización anarquista de mujeres se fundó en Barcelona, el año 1935, bajo el nombre de “Grupo Cultural Femenino CNT”. Por entonces eran muy escasos los grupos anarquistas mixtos, las mujeres que asistían por primera vez a una reunión no solían repetir la experiencia, de manera que las mujeres con voluntad de lucha vieron la necesidad de crear otro grupo, en el que las mujeres despolitizadas tuvieran cabida. Esta decisión suscitó numerosas controversias y debates, ya que suponía una secesión entre hombres y mujeres a la que veteranas como Federica Montseny o Llibertat Ródenas se negaban a unirse. En cambio, mujeres jóvenes entendían la situación de forma distinta: las veteranas de prestigio en las filas anarquistas eran excepción dentro de la realidad política y social, una excepción que no se hacía extensiva al resto de mujeres, que se sentían muy alejadas del tipo de trabajo que se desarrollaba en el seno de las organizaciones lideradas por hombres.


Así nació, de la mano de Conxita Liaño, Àurea Cuadrado, Soledad Estorach y Pilar Grangel el Grupo. Desde aquí se hizo un llamamiento a todas las mujeres para que se integrasen. La respuesta fue un éxito en Cataluña y se fijó la sede central en el Sindicato de la Construcción de la Confederación Nacional de Trabajo de Barcelona.


Los hombres anarquistas también pensaron que podría surgir un movimiento separatista, siendo el concepto de feminismo lo que más les preocupaba, pues se percibía en base a unas reclamas irrelevantes y propias de la clase media. Consideraban que los principios feministas estaban fuera de las necesidades de la clase obrera, donde hombres y mujeres eran tratados por igual. Pero, de hecho, la lucha de las mujeres dentro de los grupos anarquistas estaba muy lejos de estas reivindicaciones, básicamente porque la mayoría de ellas no había oído hablar nunca del feminismo. La lucha que emprendieron estas mujeres tuvo que ligarse a la idea de formación y trabajo, emancipación y participación en la organización y fuera de las teorías feministas que aparecieron unos años antes en la Europa Occidental.


A principios de 1936, el Teatro Olimpia de Barcelona se llenaba para presenciar el mitin del Grupo que proporcionó las bases para una organización que incluía varias asociaciones de Barcelona y alrededores. Empezada la Guerra Civil, el Grupo se unió a Mujeres Libres que funcionaba en Madrid, fundándose entonces la Federación Nacional de Mujeres Libres. Todos estos grupos surgidos del tejido obrero femenino tenían como finalidad dar a las mujeres la posibilidad de hablar de sus asuntos profesionales, teniendo cuidado de no invadir el terreno propio de los sindicatos y también de no fomentar el antagonismo entre hombres y mujeres.





*Obra referenciada: Mujeres Libres. Martha Ackelsberg.