18 de abril de 2011

La Dansa de la Mort


En la procesión de Semana Santa que se celebra cada año en Verges (Girona), destacan cinco figuras negras, son cinco personas disfrazadas de esqueleto que bailan sin cesar formando una cruz al compás de dos por cuatro que marca un timbal. Con cada nota, los esqueletos realizan un movimiento con el pie. Uno de ellos porta una gran dalla de segar en la mano, simboliza a la dalla que siega vidas humanas. Otro esqueleto lleva un reloj viejo en una mano y con la otra señala cualquier hora, indicando que la muerte llega cuando menos se la espera. Los otros dos esqueletos sostienen cada uno en su mano un cuenco con ceniza, para recordarnos la materia de la cual estamos hechos. El quinto esqueleto exhibe una bandera negra con una calavera pintada en el centro, en la que puede leerse la siguiente inscripción: Nemini parco, no perdono a nadie. Esta misma inscripción figura en la base de la dalla.



La macabra dansa de la mort, se remonta a la Edad Media y está asociada a las epidemias de peste que arrasaron Europa durante los siglos XIV y XVII. Probablemente sea una reminiscencia de los ritos ancestrales de culto a los difuntos y se trata de la única representación de danza de la muerte que existe hoy en día.

17 de abril de 2011

Olvidar y seguir a lo nuestro

Desde que Japón vive una tragedia humana y radiactiva, se torna evidente la necesidad de establecer límites claros entre qué resulta peligroso y qué no lo es.



Dejemos al margen a los inconscientes que se bañarían en aguas radiactivas para preservar el negocio y a los aprensivos que no beberían agua del grifo porque en Fukushima lo han prohibido. No es fácil establecer un camino a seguir y en España hemos podido comprobarlo. Cuando aparecieron los primeros casos de vacas locas vimos en la pira a cientos de vacas, hubo listas de infectados, explicaciones sobre la enfermedad… Se desató el pánico y por poco se hunde el sector ganadero del bovino. En el asunto del aceite de colza tóxico, por el contrario, la actuación de las autoridades fue penosa: "es un bichito que si se cae de la mesa se mata”. Murieron miles de personas y aún hay cientos que padecen secuelas.


La catástrofe de Fukushima es grave, de eso no hay duda. Lo peor es que, como dijo el emperador de Japón, los efectos son impredecibles. Éste es el principal problema. ¿Son peligrosos los teléfonos móviles? ¿Sus microondas cerca del cerebro destruyen las neuronas? Es difícil saberlo. Cualquier estudio al respecto contará con el desmentido de la multinacional afectada. Ninguna universidad puede encabezar el estudio porque ninguna empresa de las que financian las investigaciones universitarias lo avalará, y no está la crisis como para perder subvenciones. Las empresas ya se han encargado de comprar silencio. Pese a todo, quizás los móviles no sean tan nocivos si hacemos un uso racional de ellos. Respecto a las microondas, los márgenes legales son difusos, los intereses creados, la desinformación y las informaciones interesadas han logrado que a estas alturas nadie sepa si los móviles son perjudiciales o no para la salud. Se retiran antenas por presiones vecinales, los ayuntamientos legislan con una vara elástica y las compañías lo controlan todo hasta donde les permite la ley. La cuestión es que sin antenas eficientes no podríamos tener ese teléfono 3-D que acaba de aparecer en el mercado. Todos estamos atrapados en el mismo círculo vicioso. Como cada vez hay más usuarios, cada vez se necesitan más antenas. Como cada vez hay más inversión en infraestructuras, las compañías cada vez hacen más propaganda. A más propaganda, más clientes, y vuelta a empezar.


Con las centrales nucleares ocurre algo semejante. Se construyen porque la demanda de electricidad es enorme, costosísima y creciente. La energía atómica es potente, resulta relativamente barata y es inmediata. Cualquier país desarrollado, con un buen nivel de vida y un alto grado de dependencia de las nuevas tecnologías, necesita fuentes de energía propias y eficaces. Hete aquí otro círculo vicioso. La energía nuclear es una necesidad para mantener nuestro ritmo de vida. No podemos abominar de ella sin decir a qué estamos dispuestos a renunciar: a nuestro teléfono móvil, al ordenador, a las consolas… Está claro que nadie piensa renunciar, por eso existen tantas centrales nucleares. Es el precio que hay que pagar. Algunos dirán que no es lo mismo que un rayo destruya un molino de viento que un terremoto deje en ruinoso estado a una central nuclear. Y, en efecto, las consecuencias no se pueden comparar. Como tampoco es comparable la cantidad de energía que produce una nuclear y un molino.


Volviendo al tema inicial: Fukushima. Pasan los días y poco a poco olvidamos, nos cansamos del asunto, de verle las tripas descompuestas al reactor. La vida sigue. ¿Quién recordaba Chernóbil hace un mes?

13 de abril de 2011

Allí y aquí

Durante las últimas semanas hemos oído decir que los japoneses son un pueblo sin parangón. Sensible, ordenado, cívico, disciplinado, obediente, sufrido, que padece en silencio, que no protesta, que no expresa sus emociones de dolor o enojo, que no grita, que no exige explicaciones, que acepta las razones que le dan, que cumple las recomendaciones que se le hacen… En suma, los japoneses tienen todas las virtudes de las que carecemos los españoles.

Los japoneses actúan así, pero imaginemos qué pasaría en España. Aquí ocurre un accidente nuclear en Ascó y no se informa a las autoridades. No solo eso, se permite que los escolares visiten la central. Aquí no nos enteraríamos de nada hasta que nos aparecieran topos de color verde en la piel. Nos sorprende la respuesta de los japoneses cuando lo más lógico, según nuestro modo de ser, habría sido quitarle la poltrona a un gobierno que engaña, pedir la cabeza de los mandamases de la Tokyo Electric Power Company (TEPCO) y llevar al paredón a los ingenieros que construyeron la central y a los científicos que avalaron la seguridad de la misma. Aquí encontraríamos más adecuado que los japoneses se echaran a la calle, que no hubiera voluntarios para inmolarse en un reactor nuclear, que gritaran, que huyeran de una tierra infestada de radiación… Cualquier reacción nos parecería mejor que esa tranquilidad pasmosa frente a la mentira, a los daños, a la devastación, a la muerte, a la inmoralidad, a la improvisación, a los parches. Por cierto, ¿hay alguna plaza Tahrir en España?

8 de abril de 2011

Pan

Vayamos 10.000 años atrás, a Mesopotamia, a las tierras fertilizadas por el Tigris y el Éufrates. Los indicios apuntan que fue aquí donde por primera vez en la historia se hizo pan. Gracias al cambio climático acontecido en nuestro planeta fue posible que los cereales salvajes ocupasen una amplia extensión de terreno y entre estos cereales estaba el trigo. Los hombres de aquellos tiempos aprendieron a cultivarlo y de esta manera comenzó la vida sedentaria gracias a que se disponía de un alimento fundamental. También la domesticación de algunos animales contribuyó al establecimiento de los grupos nómadas de cazadores, que hasta entonces estuvieron condicionados por los caprichos de la naturaleza.

El pan cocido, como tantas otras cosas, surgió por casualidad. Se trituraban los granos de trigo con dos piedras y después se añadía agua para elaborar una sopa, pero un día alguien dejó su ración dentro del cuenco y pasadas las horas se había convertido en una especie de bizcocho grumoso, seco y plano, parecido al que encontramos hoy en las panaderías.



Sabemos que los egipcios se alimentaban básicamente de pan y verdura, sobre todo de cebolla. Sin embargo, fueron los griegos quienes establecieron el oficio de panadero, llegando a contar con cerca de setenta variedades de pan.



El pan se asocia a la divinidad, es un don divino, y en todas las religiones encontramos referencias que relacionan Dios y pan. En el relato del Éxodo se explica que el maná era una lluvia de copos de pan con el que Iahvé alimentaba a su pueblo durante la travesía por el desierto hacia la tierra prometida. Jesucristo transforma el pan en su propio cuerpo mediante el sacramento de la eucaristía. Y en una de las principales oraciones, el Padrenuestro, se pide al Altísimo que no nos falte el pan cada día.



Hoy, el pan ya no es lo que fue. Cuesta encontrar pan de verdad. Las panaderías de hace unos años desprendían un olor característico a pan recién cocido que sabía a gloria divina. Las barras que se venden ahora provienen de una masa congelada que se cuece en un microondas y que al cabo de unas horas se vuelve elástica e incomible. El pan de antes procedía de una elaboración artesanal y solo requería harina de trigo, agua, sal y un poco de levadura, estaba cocido en un horno de leña, se secaba lentamente y las hogazas que se vendían en los pueblos podían mantenerse en perfecto estado a lo largo de una semana, con su característico sabor.



El pan ha rebajado mucho su calidad y la demanda de este producto básico en la alimentación también ha descendido, en parte debido a esa leyenda negra que le atribuye la capacidad de engordar a quien lo come. Para los que conocimos el pan de antaño, es un lujo y un placer degustar un buen pan, de fabricación tradicional. Poco necesita este pan para convertirse en un manjar, un simple chorro de aceite de oliva basta, si además se le añade tomate y unos filetes de buen jamón, estaremos degustando una exquisitez.

5 de abril de 2011

Bodas y otras yerbas

Abres el buzón con miedo, temiendo encontrar una carta del remitente más temido: el banco. Sabes que ese sobre, aparentemente inofensivo, contiene un arma letal para tu paupérrima economía: una factura. Pero en esta ocasión la carta te la envía una persona cercana y querida. Alguien pensará ilusionado: qué bien, fulanito, se acuerda de mí. Craso error. Fulanito o menganita ha decidido casarse y te invita a su boda. Puedes alegar cualquier excusa para no asistir a la celebración, pero fulanito o menganita consideraran que boicoteas su felicidad en un día tan especial y, por tanto, te sientes obligado a acudir. Entonces comienza la lucha contra ti mismo. Debes decidir cuánto cederás, cuánto estás dispuesto a tragar. Te disfrazarás para la ocasión con vestido largo, tacones y tocado en el pelo o serás fiel a tu yo interno e irás como vas siempre, con tejanos y camiseta. Ingresarás una generosa cantidad de dinero en ese número de cuenta que figura en la tarjeta o harás un frío cálculo de tu gasto en el banquete para pagar justo tu plato. Llevarás en la boca tu mejor sonrisa o pondrás cara de circunstancias durante una liturgia que ni te va ni te viene. Te unirás al rebaño gritando: “que se besen, que se besen” y bailando la Conga y Paquito el chocolatero o tu presencia será un símbolo de rebeldía contra una parafernalia que consideras absurda.



Como en cualquier otro acto social, en una boda priman las apariencias. Estas celebraciones son la metáfora de los novios, obsesionados porque su casamiento sea recordado como lo más de lo más, y de los convidados, adornados como árboles de Navidad y atragantados con su propio orgullo, después de haber traicionado su verdadera identidad. El caso es que te pones el mundo por montera, te encomiendas a dios y al diablo, respiras hondo varias veces y sales de casa con tu atuendo de chirigota, con la mejor sonrisa de que eres capaz y con la coreografía ensayada por lo que pueda pasar. Dejas de pensar en ti para reconocer que los novios son maja gente, que los quieres y que el sacrificio valdrá la pena. Además si han decidido invitarte, por algo será.

1 de abril de 2011

Quién se acuerda de Guantánamo

Los representantes republicanos del Congreso estadounidense han anunciado que se prepara un proyecto de ley que impondrá más restricciones a los detenidos en la prisión de Guantánamo. El pasado lunes 21 de marzo, el presidente Obama claudicó ante a los republicanos que exigen medidas más firmes para tratar la detención excepcional de los sospechosos confinados en Guantánamo. En el proyecto de ley se pide limitar el traslado de los presos a terceros países y así evitar que cometan de nuevo acciones terroristas. El presidente norteamericano ha ordenado ya la reanudación de los juicios militares de excepción y la regularización de la detención ilimitada de más de 40 presos que se encuentran en Guantánamo, algo que contradice su intención manifestada durante la campaña electoral de 2008.


Unos 172 detenidos siguen encarcelados en la prisión estadounidense de Guantánamo, acusados de dudosos cargos, sin que se les haya procesado en un juicio, sin que exista una sentencia que les condene, solo porque Estados Unidos los considera una amenaza para su seguridad. El resto del mundo se ha olvidado de ellos y mantiene un silencio cómplice.