Síndrome del parado

Si está desempleado, sepa usted que un francotirador le sigue los pasos. Es un enemigo paciente, frío, implacable, hábil y silencioso, que dispone de la mejor arma para destruirle. Reunirá sus miedos, sus frustraciones, su inseguridad, su impotencia, su desesperación y su falta de ánimo para crear una bomba, la pondrá en sus manos y hará que usted se autodestruya.



La crisis económica deja secuelas en quienes la padecemos, especialmente en quienes estamos sin empleo y buscamos, de una forma ya desesperada, cómo ganarnos las habichuelas.

Cuando recibes la carta de despido, te afecta, pero entiendes que en estos tiempos y con la que está cayendo era cuestión de tiempo que tu empresa decidiera prescindir de ti. Eres optimista, con tu experiencia y con tu preparación, no te costará encontrar otro empleo, y mejor aún que el que tenías. Te tomas la situación como unas vacaciones, que agradeces. Dispones de tiempo libre, descansas, te pones al día con las tareas pendientes, disfrutas de esos días antes de incorporarte al nuevo puesto que te espera en alguna parte.

Pasan las semanas. Pasan los meses. Caes bruscamente de la nube. Encontrar empleo no resulta tan fácil como suponías. No hay ofertas relacionadas con tu especialidad ni para desarrollar ninguna otra actividad para la que estés capacitado. Te rechazan en una entrevista laboral porque te encuentran sobrecualificado para el puesto, en las otras te despiden con el consabido: Ya le llamaremos. Asoma la ansiedad, el insomnio, las primeras dolencias somáticas. Tu autoestima se viene abajo. Eres un perfecto inútil, una carga para la sociedad, y recibes una limosna llamada eufemísticamente subsidio. Tu mundo se tambalea.

Pasa un año. Pasan dos años. Te resignas. No vas a encontrar empleo. Buscar trabajo se convierte en una tortura que aumenta la sensación de fracaso. Piensas en tirar la toalla. No te quieren en ninguna empresa. Ya ni recibes la limosna mensual, pero el banco no se olvida de ti y sigue enviándote facturas cada mes. Ves a gente rebuscando en los contenedores, a los que piden en las aceras, a los que se han quedado sin hogar, a los que duermen en los cajeros… y estás contemplando tu imagen. Dentro de nada, tú serás uno de ellos. Ahora, a todos tus males, se suma una depresión de caballo y ni siquiera tienes dinero para recurrir al psiquiatra. Tu vida social se ha reducido a nada, no puedes destinar ni un céntimo al ocio porque salir cuesta una pasta que siempre necesita mejor destino. Cada invitación de los amigos es otra puñalada a tu maltrecho ego. Solo te relacionas con otros parados que conoces de la oficina de empleo o de algún cursillo. Sus desgracias agravan las tuyas. Sientes empatía por Fulanito que, tras perder su vivienda, se ha visto forzado a trasladarse con su familia a casa de sus padres. Sientes tuyo el dolor de esa mujer de sesenta años, no puede trabajar ni jubilarse porque le falta tiempo de cotización para recibir una pensión digna. Lamentas que Menganito acuda a un comedor de Cáritas para echarse algo caliente al estómago. Eres un experto en encontrar sitios que ofrecen ventajas a los desempleados, en la caja presentas la cartilla del paro que acredita tu condición de paria y obtienes un descuento. Te hallas al borde del suicidio. No merece la pena seguir viviendo una vida que no es vida.

Existen muchas soluciones para salir de esta situación. Te dicen que si tu currículum circula por todas partes, si tu entorno social sabe que buscas una ocupación, si acudes a tal o cual asociación u organismo, si mantienes una actitud positiva, si no pierdes la dignidad en el intento, puedes escapar del agujero. Pero esto te lo dicen personas que trabajan, que perciben una nómina, que no sufren a diario tu mal.

Aquí unos datos. Según un estudio publicado por la revista "British Medical Journal", el desempleo es un factor de riesgo que se relaciona con el padecimiento de enfermedades psiquiátricas en personas menores de 65 años. Otra investigación indica que si se toma a Europa en conjunto, la mortalidad entre los desempleados es un 20 por ciento mayor que la del resto de la población. Algunos especialistas han detectado un aumento exponencial de personas que se quitan la vida en los países y regiones con altas tasas de paro, como Irlanda, Escocia y España. Otros calculan que la incidencia del suicidio es tres veces mayor entre las personas sin trabajo. Los desempleados tienen una mayor tendencia a padecer hipertensión arterial, trastornos digestivos y problemas respiratorios, cardiovasculares y musculoesqueléticos, así como obesidad, diabetes y toxicomanías, según la Asociación Española de Especialistas en Medicina del Trabajo (AEEMT).

El síndrome del desempleado es una nueva realidad que haría las delicias de mi “querido” Sigmund. No sé cómo se supera, pero si lo logro, prometo volver para contarlo.

Comentarios

elzo ha dicho que…
Yo también. Siempre es un placer leerte Maria.
Bajo Martín Natural ha dicho que…
Hola María, me gusta la imagen de tu blog..la verdad que hasta que me he dado cuenta que era un blog ha pasado un rato :-). Bueno, respecto al tema del no tener trabajo...dónde vives? quizás una opción es salir de donde estás para buscar nuevos horizontes. Claro..si es que te es posible. Supongo que habrás probado a mandar curriculums a todos los sitios tanto en tu lugar de residencia como en otros... a que te dedicabas.., si se puede saber…he estado mirando los otros blogs que tienes, así por encima, y parece que estas relacionada con el mundo de la escritura?
Saludos
Toy folloso ha dicho que…
La economía no ha pegado un frenazo en seco, de todas formas....
Lo digo porque, anuladas las ocupaciones para las que hemos recibido instrucción, -sí, habrá que renunciar a las remuneraciones tal como las teníamos entendidas- podemos canalizar nuestro tiempo en forma de ayuda a los demás, interesada o no, -esa persona mayor carente de movilidad o compañía, esa asociación que siempre soñamos crear, echar una mano a los pequeños autónomos que no tienen ordenador (atención, blogueros),etc.-.

Sabíamos todos del disparate que fué importar mano de obra foránea, habiendo autóctonos desempleados.
¡Ahora está parado todo Dios!.
La próxima semana me extenderé más sobre este tema en mi blog.
Tere Rubio ha dicho que…
Y lo que nunca debemos hacer es:
- Aislarnos del mundo, ni enfadarnos con él.
- Quedarnos quietos, nadie nos va a llevar el trabajo a casa, movilízate
- Debemos hacer contactos en el mundo real y en las redes sociales profesionales y preguntar y comentar nuestra nueva situación porque nunca se sabe dónde puede saltar la liebre. Quizás un amigo de tu amigo busque alguien como tú. Actualizamos los contactos y mantenemos contacto con ellos habitualmente, sin hacernos pesados pero habitualmente. Es realmente importante conocer y aportar a la gente de tu sector o que simplemente perciban que estas activo y aportas.
- Abandonemos la pasividad y negatividad y lancémonos activamente y positivamente a la búsqueda del nuevo trabajo. No nos durmamos, no tengamos miedo y que no se apodere de nosotros la ansiedad.
- Busquemos por medio de cartas, redes, contactos, sitios de empleo, empresas directamente, asociaciones, fundaciones que hay muchas donde te pueden ayudar aunque solo sea para hacerte ver que tu currículo está anticuado y no es la forma de presentarlo actualmente o para ayudarte a vencer ese grado de timidez o negatividad que llevas dentro cuando te encuentras en esta situación.
Mi solidaridad y mi apoyo.