Modificar la ley electoral

Hace años que debió modificarse la ley electoral española, que otorga el poder a los partidos y convierte a los parlamentarios en monigotes. Norberto Bobbio diría que es un ejemplo de poder organicista, en detrimento de la libertad y creatividad individuales que deberían caracterizar a diputados, senadores y alcaldes. Aquí, como ocurre en otros países, los diputados y senadores tendrían que ser personas libres por antonomasia, que solo se debieran a sus electores. Las cúpulas de los partidos no han de ser organizaciones rígidas, el debate interno y la disidencia deberían tolerarse. Pero todo pasa por las cúpulas de los partidos, que tienen su propio calendario, pese a estar en una democracia. Y estas cúpulas no desean que exista libertad de actuación entre los representantes de la ciudadanía, por eso buscan a la persona más fiel, no a la más competente. Por tanto, un parlamentario es alguien que aprieta el botón que le dicen, solo eso. El resultado es una democracia desprestigiada e ineficaz y unos electores escaldados y cada día más indignados.

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